Cisnes de Estrasburgo
Forman parte de nuestra cotidianiedad, habitan ciertos espacios y tiempos seres que no habitan en otros, y de alguna manera devienen y se erigen en representación de ese espacio, ese tiempo, esa etapa en el viaje de la vida: tal ha sido el caso estos años de destino diplomático en Estrasburgo ante el Consejo de Europa, de los cisnes que lo habitan y forman parte del paisaje, de la vida que fluye y ante nosotros se realiza. En los canales del Ill que atraviesan y dan vida a la ciudad, es los estanques en los parques y en los bosques, en las orillas y en las aguas del Rhin… allí donde nuestros paseos nos llevan, donde el agua llama a la vida, y llama a los cisnes. Cisnes que devienen parte de nuestra cotidianiedad, mas no de lo ordinario , sino más bien se constituyen en ordinario extraordinario, o en un extraordinario ordinario; pues nunca, en ninguna de los miles de veces en que los hemos visto, nos hemos encontrado con ellos, hemos perdido la emoción de la vez primera, hemos dejado de ceder al asombro, de detener el paso, hemos resistido la tentación de llevar la mano al móvil y fotografiarlos, como si cada imagen, cada instante, con ser muy parecida o parecido, pudiera no ser única e irrepetible, pudiera no merecer la eternidad.