OS LUSÍADAS y el sentido epopéyico de la vida

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Han celebrado este y cada diez de Junio los portugueses el Día de Portugal, y al tiempo el Día de Camoes y el de las Comunidades Portuguesas; y con ellos lo celebramos, queremos celebrarlo. Y si lo hacen ése y no cualquier otro día del año, es precisamente porque éste y cada diez de Junio se cumple el aniversario del fallecimiento de Luís de Camoes el diez de Junio de 1580. Qué día escoge un pueblo, un Estado, para celebrar su día dice mucho de aquello que lo define – frente a sí mismo, y frente al mundo -, que constituye su esencia, referente y brújula de su caminar colectivo en la Historia. Define y se definen los portugueses escogiendo el del fallecimiento de Camoes.

¿Cómo, por qué, en qué, para qué?. Quienes hemos leído – y quienes leáis – Os Lusíadas sabemos que no es sólo porque con Camoes alcanza el portugués su madurez y esplendor literarios, se dota su Literatura de un referente y mito fundacional, se hace presente en el Olimpo de los autores universales de todos los tiempos, y con ello la particular Weltanschaaung – o visión del mundo, difícilmente como en alemán expresable en una palabra – que, como nos dijera Wittgenstein, toda lengua conlleva. Desde luego, mas no sólo, no sobre todo; pues, aunque escribe todo escritor desde el yo, lo hace a veces desde el nosotros, se constituye en el médium, el zahorí a través del que un nosotros se expresa, como lo hace el de las hijas e hijos de Luso, los portugueses, a través de Os Lusíadas. Y así, inspira Camoes el alma de os lusíadas al escribir Os Lusíadas y en su obra la plasma, y contempla Portugal en el espejo de ésta su alma, y en éste la contemplamos quienes recorremos sus páginas. No se resignan os lusíadas con haber leído Os Lusíadas: quieren seguir escribiendo su epopeya en su caminar en la Historia; y tal vez por eso celebren como su día este día, dando para siempre vida a Camoes en el sentido epopéyico que éste le dio. Sin duda por eso ningún momento más propicio que éste para lanzar como carta en la botella al mar de esta web mi ensayo Os Lusíadas y el sentido epopéyico de la vida que Claves de razón práctica me ha hecho el honor de publicarme en su último número (276, de Mayo-Junio de 2021). Con su conocimiento, os invito a continuación a leerlo, deseándoos buen viaje a través de sus páginas, con y a través de Os Lusíadas, la epopeya de la vida.

Manuel Montobbio

Junio 2021

OS LUSÍADAS

y el sentido epopéyico de la vida

Capta el poema, la obra de arte, la escritura de ésta, no sólo el instante en que se escribe; sino también y al tiempo el tiempo de lo vivido y lo leído, la composición de lugar y la conciencia de la vida y el mundo de quien escribe. No dura tampoco el tiempo en que se lee un libro o se contempla una obra de arte el que se tarde en hacerlo; sino también y al tiempo el tiempo de lo vivido y lo leído, la composición de lugar y la conciencia de la vida y el mundo de quien lo lee. Se produce así con cada lectura, con cada contemplación, una alquimia única e irrepetible entre esos tiempos, esas composiciones de lugar, esas conciencias, que transforman la obra, y sobre todo nos transforman a cada uno, nos hacen ser lo que somos, quienes somos. No dura tampoco el tiempo en que se lee un libro o se contempla una obra el durante que se tarde en hacerlo; sino también el antes y el después. El antes, pues antes ésta se nos manifiesta en conversaciones y referencias en otras obras, otras expresiones artísticas, otras huellas de su escritura y lectura dejadas a su paso. El después, por su presencia referencial, hacia dentro y hacia fuera, en el ser que somos desde que se produjera la alquimia: somos, entre otras cosas, quienes hemos leído los libros que hemos leído, contemplado las obras de arte que hemos contemplado. Como somos quienes hemos escrito lo escrito, creado lo creado, en el papel o el lienzo, y en la vida. Somos, quienes los hemos leído, quienes hemos leído Os Lusíadas; quienes no hayan hecho todavía, quienes lo tienen pendiente, quienes todavía pueden al hacerlo empezar un tiempo distinto.

¿Cuándo empieza ese tiempo del antes, con la lectura de Os Lusíadas iluminado?. Me viene en mi caso, como primera imagen, la mía del niño que a finales de los sesenta y principios de los setenta utilizaba en las clases de geografía la plantilla de un mapa de España que reseguía con el lápiz: terminado el contorno, todo lo que quedaba fuera lo pintábamos de azul de mar, como si Portugal no existiera. Y, como segunda, la primera clase en el Colegio de Europa en Brujas, sentado al lado de dos compañeras portuguesas en cuya boca escuché, que tenga recuerdo, por primera vez la lengua de Camões, y a partir de ahí el descubrimiento mutuo, la amistad ibérica de quienes estudiamos en Brujas ese curso en que, culminación de nuestro sueño europeo anhelado y compartido, España y Portugal ingresamos en las entonces Comunidades Europeas. Un descubrimiento que empezó con mis amigas y amigos portugueses, y siguió con Portugal, en un viaje del Miño al Algarve al que nos invitaron a los compañeros españoles en Julio de 1986. Siguieron a esta primera visita a Lisboa – que incluyó una primera visita a la Librería Bertrand de la Rua Garrett, de la que salí con una gramática portuguesa para acabar de aprender el idioma, y recuerdo también con un ejemplar del Mensagem de Pessoa regalo de mis compañeros – muchas otras en los años que siguieron, hasta sentirme en ella en casa, conocer cada vez mejor el rostro y el alma de Portugal, su cultura y su lengua, su imaginario colectivo. Recuerdo que aquellos años una de las primeras cosas que hacía al llegar era dirigirme desde la Baixa hacia la Plaza Luís de Camões y el Chiado, para allí tomar un café en A Brasileria y ver novedades y comprar libros en la Librería Bertrand, muy especialmente de Pessoa y Saramago, que tanto me han descubierto.

Obliga la vida itinerante del diplomático a poner en “pause” las ciudades en que nos sentimos en casa y somos nosotros, a metérnoslas dentro para estar siempre en ellas. Y sentimos una emoción muy especial cuando la vida nos otorga la oportunidad de estar de nuevo en ellas, apretar de nuevo “play” y continuar viviendo por fuera la vida que siempre en Lisboa vivimos por dentro, iniciar un fin de semana de Septiembre yendo de nuevo de la Baixa hacia la Plaza Luís de Camoes, tomar el café de siempre en A Brasileira mientras piensas en cómo se ha inundado Lisboa de turistas, obsesionados en fotografiarse uno tras otro junto a la estatua de Pessoa tomando un café. Y, al pararme ante el escaparate antes de entrar en la Librería Garrett, fijarme en seguida en el ejemplar de Os Lusíadas en edición especial, reproducción facsímil de la original de 1572, de la Almedina y el Colégio das Artes de la Universidad de Coimbra, con sus letras doradas y carmesí sobre la tapa de paño azul; y sentir que me llama, como si me estuviera esperando, como si me susurrara que lo compre, que ha llegado el momento de leer Os Lusíadas, como finalmente he hecho este verano. El momento cronológico, y el momento vital; pues no hubiera sido la misma esta lectura sin todas las lecturas previas, encubiertas, de Os Lusíadas, de sus manifestaciones en mi experiencia de Portugal y de los portugueses, y de lo efectivamente leído hasta ahora, desde la Odisea o la Eneida en la tradición clásica a, por poner referentes para mí cercanos de la Literatura catalana, el Canigó y la Atlàntida de Verdaguer, con su vocación de epopeya fundacional y referencial.

¿Qué lleva al poeta a escribir la epopeya, a condensar el vapor de lo vivido y lo soñado y destilarlo en la tinta que de su mano fluye sobre el papel en blanco? Si la lectura de Os Lusíadas – cualquier lectura – tiene una antes para el lector, también lo tuvo para el escritor. Difícilmente sin su experiencia vital en Goa y el viaje de ida y vuelta hacia ella, sin su cultura y conocimiento de los clásicos, sin la Historia vivida en carne propia, hubiera Luís de Camoes escrito Os Lusíadas. Difícilmente sin su yo; mas difícilmente también sin su nosotros: pues es Os Lusíadas el retrato de un nosotros, el nosotros que junto camina en la Historia, y quiere hacerla, el nosotros que queremos ser los portugueses. Y de alguna manera por ello es el poeta al escribirlo instrumento de ese nosotros que a través de su pluma expresa su voz. Porque somos nosotros está Os Lusíadas escrito. Para ser nosotros está Os Lusíadas escrito. Y de alguna manera por nosotros está Os Lusíadas escrito.

Pues necesita ese nosotros que junto camina – juntos caminamos – en la Historia de un relato, un guion a interpretar en el Gran Teatro del Mundo, una narrativa en la que se inscriba su afán, su sacrificio, su propósito y sentido; una narrativa que bien puede encarnarse y se encarna en el relato mitológico de la epopeya compartida como referente fundacional y aglutinador de la identificación, la identidad colectiva. Como Os Lusíadas con los hijos de Luso – Portugal y los portugueses, lo portugués. Por el qué, por el quiénes y por el cómo. Qué del descubrimiento, el asombro y fascinación ante el otro, lo otro, la emoción del conocimiento de lo desconocido, de alumbrar la oscuridad, ser lo que no era. No está lo heroico, a sensu contrario, en la conquista, en el dominio; sino en adentrarse en el Océano, llegar a donde otros no han llegado, hacer mundo el mundo. Quiénes individual de Vasco de Gama en su viaje a la India; mas también y al tiempo quiénes colectivo de aquellos que lo acompañan en él, y de los portugueses en el tiempo, de os lusíadas, cuya Historia desde el primer Enrique como Conde de Portugal y la lucha de su hijo Affonso Enrique por afirmar el Reino hasta su escribir Camões nos narra en boca de Vasco de Gama al Rey de Melinde en el antes del viaje emprendido por éste; en boca profética de la sirena de la Isla de los Amores en el después hasta la conformación del Imperio, o de la descripción del panel de la Historia de Portugal en la nao capitana en el Canto VII al llegar a la India. Cómo de la arquitectura literaria de la epopeya estructurada en diez cantos que cantan, para ser declamados en el tono de gesta heroica que pide Camões al inicio que le inspiren las ninfas del Tajo, que suenan por su ritmo de octavas decasílabas y su rima que marca el compás; de la belleza de la lengua en el amplio registro desde la gesta heroica y la acción sublime a la pasión amorosa, la lírica, el discurso emotivo o la invocación o la descripción o tantos otros; de la combinación narrativa entre el hilo conductor del viaje de Vasco de Gama y esas puertas abiertas a otras voces, como las referidas que nos hablan de la Historia de Portugal, o la amonición del viejo de Restelo a la expedición que parte, o las de Venus, Júpiter, Baco y otros dioses del Olimpo que en la obra intervienen, o el Adamastor en la tempestad; y la que articula entre la cosmogonía cristiana en que se inscribe y legitima la epopeya y la del Olimpo cuyos dioses contemplan e intervienen sobre el fado de los hijos de Luso - Venus a su favor, Baco en su contra, Júpiter dictaminante de que les corresponda la gloria de llegar a la India -, hazañas que por ellas olvidarán los humanos “a asirios, persas, griegos y romanos”. Apelación e intervención de los dioses de los gentíos a la que no deja de referirse Fray Bartolomé Ferreira en el nihil obstat que sobre la publicación emite en nombre de la Inquisición, con una comprensiva consideración como poesía y fingimiento con que el autor como poeta no pretende más que ornar su estilo poético, “ficando sempre salva a verdade da nossa fe, que todos os deoses dos gentíos fam demonios”.

Fruto y reflejo de la recuperación de la cultura clásica del Renacimiento, este paralelismo entre el Olimpo y los mortales, este alineamiento e intervención de los dioses en sus logros y reveses, esta identificación no sólo responde a una voluntad del autor de adornar su estilo poético; sino al tiempo de inscribirse, consciente o inconscientemente, en el arquetipo, la estela, la narrativa del relato de la epopeya del viaje marcada fundacionalmente por la Odisea, y seguida por la Eneida. Difícilmente podría explicarse sin Ulises en la Isla de Circe o en la de Calipso, sin Eneas en las playas de Dido, la aparición en las brumas del Océano de la Isla de los Amores con que Venus obsequia a sus queridos lusíadas para que se repongan de las fatigas de la gesta con las delicias del amor, con las nereidas y con Tetis. Pues así como nos señala Simone Weil en La Ilíada o el poema de la fuerza que es en ésta la fuerza y su poder destructor del alma de quien la ejerce y de quien la sufre el leimotiv de la epopeya, lo es en la Odisea el viaje del héroe que lo deviene al hacerlo, al superar las pruebas que le llevan a ser del todo lo que quería ser.

Si coinciden en el arquetipo, si en su concepción y escritura dota Camões a os lusíadas de su particular y universal Odisea, difieren la Odisea, la Eneida y Os Lusíadas en su origen y voluntad mitológica fundacional. Atribuida a Homero como la Ilíada, constituye la Odisea al tiempo continuidad y contrapunto de ésta. Pues si narra el regreso de Odiseo/Ulises a Ítaca, y con ello nos cuenta, en el caso de éste, lo que le acontece desde la caída de Troya hasta el regreso al hogar, supone la Odisea respecto a la Ilíada un punto de inflexión en el quiénes y en el qué de la epopeya, un cambio de arquetipo de ésta: del héroe colectivo al individual; de la guerra y el protagonismo de la fuerza que somete sacrificialmente, ciegamente, deshumaniza y anula a quienes la ejercen y a quienes la sufren, al viaje de la vida como itinerario de aprendizaje y experiencia del héroe, ocasión para ser lo que y quien estaba llamado a ser, con la ayuda y protagonismo de su astucia, su inteligencia, su decisión, su valor. ¿Escribió Homero la Ilíada y la Odisea? Bien pudiera ser que recogiera por escrito una tradición oral transmitida desde tiempo atrás por los rapsodas que con su canto iluminaban las noches de los Balcanes y la Grecia antigua. Bien pudiera ser incluso, como nos sugiere Ismail Kadaré en El expediente H, que haya sido en realidad la de Homero una obra colectiva alumbrada en la tradición de las gestas, la voz de cuyos últimos rapsodas intentan sus protagonistas registrar para la posteridad en las montañas perdidas de Albania en algún momento de la primera mitad del s. XX. No es tal, en modo alguno, el origen y propósito de la escritura de la Eneida por Virgilio, alumbrada por éste por encargo del Emperador Augusto con vocación de dotar a su Imperio de una epopeya fundacional. Que nos indica, por un lado, la fuerza referencial de la obra homérica, de la Odisea y la Ilíada, en las que se inspira respectivamente Virgilio para la primera parte – viajes de Eneas de Troya hasta Italia – en la Odisea y para la segunda – guerra en Italia hasta la victoria de Eneas sobre Turno – en la Ilíada, hasta el punto de considerar la descendencia de los héroes de Troya, la vinculación de los romanos con ésta, como fuente legitimadora de su Imperio. Que nos muestra, por otro, la consolidación de una y otra como arquetipos referenciales de la epopeya, en los que, en el ascenso de su poder hasta entonces sin igual, quiere Roma inscribir su relato.

Supone en este sentido, en relación a la Odisea y a la Eneida, el escribir de Os Lusíadas por Camões un punto de inflexión en el quién del escritor y lo escrito. Pues no escribe Camões por encargo del poder, ni recogiendo la voz del pueblo expresada oralmente en gesta: lo hace por su propia decisión, voluntad e impulso creador; y lo hace al tiempo haciéndose eco de su experiencia vital, personal y colectiva, con la intención no de inventar un origen para el Imperio ascendente de Portugal en el mito de la guerra de Troya, sino para mitificar Historia real, adaptándose para ello, en la forma y en la estructura, al arquetipo odiseico de la epopeya del viaje del héroe, haciendo de la vida colectiva de Portugal, del caminar en la Historia del nosotros de los hijos de Luso, epopeya. Pues, aunque en su relato ponga el foco en Vasco de Gama como protagonista, ejemplo e hilo conductor, lo hace al tiempo instrumento para reflejar a través de su viaje el de Portugal en la Historia, que se conforma así, mientras ésta dure, mientras Portugal exista, en epopeya a continuar por cada generación, futuro siempre por descubrir, por escribir, seguir escribiendo. De ahí el equilibrio entre el protagonismo personal de Vasco de Gama y el de los reyes, los héroes de la Historia de Portugal, el protagonismo colectivo de os lusíadas; pues de alguna manera aparecen éstos como reflejo, ejemplo, expresión, personificación del pueblo y la sociedad portuguesa, a la que representan y encarnan. De alguna manera es Os Lusíadas un relato/epopeya emanado desde abajo, buscador de los equilibrios de la gloria de la Historia y del poder, reconocedor de los protagonismos individuales; mas al tiempo reivindicador del protagonismo colectivo, del nosotros que hemos sido, somos y queremos ser en la Historia como protagonista esencial, central de la epopeya colectiva de ésta: Os Lusíadas somos todos. Todos los portugueses. Mas tal vez no sólo, tal vez todos aquellos que nos sintamos conmovidos, sumergidos e inmersos en la belleza, en lo eterno, en lo heroico del relato, del viaje, y sintamos que es más hermosa la vida tras haberlo realizado, y que, más allá de que se refiera en este caso a los hijos de Luso, constituye un relato universal de nuestra aventura colectiva en la Historia, una bella expresión de la epopeya del viaje en la que, con conciencia o sin ella, estamos todos inmersos. Pues en definitiva todos y cada uno viajamos el viaje de la vida, y viajamos el viaje del nosotros que junto camina en la Historia. Y sentimos la emoción de que algo de lo que vivimos, de lo que podemos vivir en nuestro paso sobre la Tierra, pueda ser un día materia de inspiración para la epopeya que pueda escribir un poeta. La emoción de nuestra grandeza en nuestra pequeñez, tan bien expresada por Camões en la última estrofa del Canto primero:

No mar tanta tormenta, tanto dano,

Tantas veces a morte apercebida,

Na terra, tanta guerra, tanto engano,

Tanta necesidade avorrecida:

Onde pode acolherse hum fraco humano,

Onde terà segura a curta vida?

Que não se arme, se indigne o Ceo sereno,

Contra um bicho da terra tam pequeno.

Si la escritura o la lectura de una obra tiene un antes, también un después. Un después que en algunos, contados casos hace de ella un clásico, la hace entrar en el canon de lo referencial. Nos dice Sloterdijk en Normas para el parque humano que los libros y las obras que han ido conformando nuestro saber son cartas enviadas a los amigos – pues amigos son de algún modo quienes nos lean, amigos somos de quienes hemos leído -; cartas que responden a otras cartas anteriores y narran para posteridad el tiempo interesante que nos ha tocado vivir y sus lecciones. Se conforma la cultura, el cultivo de lo que somos y quiénes somos, a través de ese intercambio de cartas. Cartas a los amigos, cartas que fueron escritas hace mucho tiempo y llevamos milenios o siglos o décadas leyendo: somos quienes llevamos casi tres mil años leyendo la Ilíada y la Odisea, dos mil la Eneida, quinientos la Divina Comedia, cuatrocientos El Quijote. Somos los que llevamos cuatrocientos cuarenta y ocho años leyendo Os Lusíadas. Bebe Camões como fuentes de inspiración, referencia y legitimidad en las lecturas clásicas de entonces. ¿Qué hace que lo clásico sea clásico, que permanezca, que comunique?. Tal vez que, más allá del ahora que lo inspira, conecta con el alma universal de la que todos somos parte, que en todos y cada uno habita, y la hace aflorar, y al leer nos conecta con ella o la ilumina también, la conocemos y nos conocemos mejor, somos más nosotros, más quienes podemos llegar a ser.

¿Con el alma?. ¿Con qué alma?. Con el alma individual; y con el alma colectiva. ¿Cómo captar el alma colectiva?. ¿Cómo aglutinarla en un texto, un poema, una melodía, una obra de arte?. ¿Cómo dar voz, a través de la expresión artística del yo, al nosotros del que somos parte, el nosotros que es en nosotros, que es en el yo, el nosotros que junto quiere caminar en la Historia; y al compartirlo hacer, facilitar, catalizar que sea más del todo el nosotros que queremos ser?. Nos decía Platón que la poesía, la música, las artes, son vías para captar el alma. Busca el alma individual los arquetipos que en ella habitan, de los que nos habla Jung en su Libro Rojo; busca el alma colectiva sus arquetipos. Todo artista es captador del alma individual; mas no cualquiera lo es de la colectiva. No cualquiera es voz del nosotros, ni inspira y alienta su caminar. No cualquiera vislumbra, capta, aprehende y comprende los arquetipos del alma colectiva; y es capaz de retratarlos con palabras sobre el papel en blanco, o con pinceles sobre el lienzo, notas sobre el pentagrama. Ni cualquier expresión artística se constituye en instrumento, vía para ello. Algunas, como la epopeya, el himno, la canción, la música, pueden serlo especialmente. Ni cualquier inspiración – de quien crea, ni de quien lee, escucha o contempla – la inspira. Inspira Camões la de os lusíadas al escribir Os Lusíadas y en su obra la plasma, y contempla Portugal en el espejo de ésta su alma, y en éste la contemplamos quienes recorremos sus páginas, y en la nuestra podemos llevarla al haberla leído. Podrán otras obras, como el Mensagem de Pessoa, captarla de nuevo, completar su mirada, ofrecernos un nuevo retrato cargado de simbolismo hermenéutico, añadir a su mitología la del Rey D. Sebastiao, la saudade de su ausencia, el sueño de su retorno; mas no sustituirlo: os lusíadas son y serán, desde que Os Lusíadas de Camões vieron la luz de la letra impresa, quienes con Os Lusíadas en el alma siguen en su estela caminado en la Historia.

Manuel Montobbio