“Voluntarios de la libertad”

Petro Marko, Hasta la vista y los brigadistas albaneses en la Guerra Civil Española
“Voluntarios de la libertad”
AECID
Madrid
2009
Participando como: 
Coordinador y compilador

“El voluntario de la libertad” es el título que los miembros albaneses de las brigadas internacionales escogieron para titular el primer y único número de una revista que publicaron en Madrid en 1937, con objeto de recoger y difundir sus experiencias en la contienda. El setenta aniversario de esta publicación, así como el reciente centenario del nacimiento de Petro Marko, ofrecieron una ocasión inmejorable para recuperar la memoria de unos hechos en las historias de España y Albania se encuentran. Tomando como punto de partida la trayectoria y la novela de Petro Marko Hasta la vista (título en español en el original albanés), historia de amor de un brigadista albanés en la guerra civil española, la Embajada de España en Tirana (Albania) organizó una jornada internacional de acercamiento a su figura y la de otros miembros albaneses de las brigadas internacionales, y a lo que supone esta vivencia y trayectoria y el encuentro de imaginarios colectivos de ambos pueblos. En esta participaron relevantes personalidades albanesas y españolas, cuyas intervenciones quedan reflejadas en este libro, que en edición bilingüe albanesa y española se ofrece al público junto al DVD sobre la trayectoria y la figura de Petro Marko, Una piedra en su lugar, del realizador albanés Namik Ajazi.

Este libro es fruto del esfuerzo de personalidades albanesas y españolas especialmente autorizadas para tratar la temática que aborda. Tras la introducción general del Embajador de España en Albania Manuel Montobbio, el libro se centra en torno a dos ejes temáticos. En primer lugar, “Petro Marko, Hasta la vista y su figura en las Brigadas Internacionales” es abordado por Marta García Suárez, Investigadora y autora de la tesis La realidad social y literaria de España en la época de Petro Marko; Anita Marko, hija de Petro Marko; Xhevair Spahiu, poeta y amigo de Petro Marko; y Ramón Sánchez Lizarralde, traductor albanés, crítico literario y escritor. Y en segundo lugar, “Los brigadistas albaneses en la Guerra civil española” por Ana Pérez, Presidenta de la Asociación de amigos de las Brigadas Internacionales, y Petro Luarasi, hijo de Skender Luarasi, brigadista albanés.

Introducción al libro por Manuel Montobbio

¿De qué hablamos cuando hablamos de Petro Marko, la novela Hasta la vista y los albaneses en las brigadas internacionales en la guerra civil española?  ¿Cuál es el sentido de esta conmemoración, este estar ustedes y nosotros aquí juntos aquí y ahora, del nosotros que ahora conformamos? ¿Qué buscamos?. ¿Qué recordamos?

No donde habita el olvido, y huyen del terrible destierro los ángeles caídos de los versos de Cernuda. No el alba de los hijos que no tuvimos, la que viene con hambre atrasada en el poema de León Felipe.

No celebramos el tiempo que pasa, sino el que no pasa; los latidos del tiempo distinto, el tiempo interior con que María Zambrano hizo de la Filosofía poesía, tejió como Penélope los días y los años para regresar a la Itaca de una España distinta de la que abandonó hacia el exilio.

No celebramos el pasado pues, como señalaba María Zambrano, ni el pasado ni el futuro existen, sino el presente del pasado, o la memoria, y el presente del futuro, o la esperanza.

Volvemos así la vista atrás, la machadiana senda que no hemos de volver a pisar, para mirar hacia delante. Hacia la memoria, para convertirla en esperanza y continuar con ella un futuro mejor.

Y un futuro común.

Memoria, sí, del dolor, de la sinrazón, de la injusticia, del mal: del horror de una guerra civil, una guerra entre hermanos como la que desde Caín nos expulsó del paraíso perdido que nunca tuvimos, pero siempre anhelamos; en que no hubo buenos ni malos, que todos perdimos. Pues sea cual sea su resultado toda guerra civil es el fracaso de un pueblo. Todos tienen las manos manchadas de sangre. Como dijera el poeta salvadoreño Roque Dalton al recordar la tragedia que en 1932 dio origen a la dinámica de confrontación en la Historia contemporánea de El Salvador,  “todos nacimos medio muertos en 1932” y “la vida es la mitad de la vida que nos dejaron”. Y sin embargo en la destrucción, en la guerra, en ese Madrid del millón de cadáveres de Dámaso Alonso, también es posible el amor, se encarnan esas palabras que nunca se han realizado, cuales ideas salidas de la caverna de Platón, del todo en la Historia, que sin embargo la han movido. Palabras como libertad, democracia, justicia, igualdad, solidaridad, fraternidad. Como España.

Pues España significó para muchos, sino en la realidad sí en la percepción, libertad. Lucha por la libertad. Voluntad de libertad. Voluntarios de la libertad: ¿podrían acaso haberse dado a sí mismos nombre más hermoso, más poético y esperanzado, que el de voluntarios de la libertad los albaneses que vieron en España el lugar donde luchar por ella, hicieron de España el argumento de su esperanza?.

Decía María Zambrano que la juventud es la edad de la esperanza que busca su argumento. Hace muchos años, en un lugar o un tiempo de la Historia donde no puede habitar el olvido, donde no queremos dejar habitar el olvido, hubo albaneses y albanesas que encontraron en España el argumento de su esperanza, a los que un resorte secreto hizo abandonar estas calles, estas playas, estos montes, estas nubes con sabor a sueño, este otoño, para atravesar fronteras, atravesar tormentas, atravesar Mediterráneos, atravesar montañas y lugares extraños, para hacerse en España voluntarios de la libertad. Voluntad de libertad, compromiso con la libertad: la nuestra, la suya, la vuestra, la de todos.

Tal vez sea por ello, o porque el verdadero rostro del hombre es su ensueño - y no hay empeño o bien más preciado para el hombre, que dijera Don Quijote a Sancho, que su libertad –, que esa España de hoy que quiere transformar su memoria en esperanza. Esa España en libertad cuya Historia no es ya, como en el poema de Jaime Gil de Biedma, de todas las Historias de la Historia la más triste, porque termina mal, como siempre, porque es la Historia del hombre que no se sabe liberar de sus demonios; esa España de hoy cuya Historia termina bien, como nunca, en que ninguna de las dos Españas ha de helarnos el corazón, en que no vamos a permitir a nadie dejarnos media vida porque queremos vivirla toda en paz y libertad, esa España de todos los españoles y para todos los españoles; esa España que no es ya aquella en cuyos pasaportes decía “válido para todo el mundo, excepto para Albania, Korea del Norte y Mongolia Exterior”, sino la que ha abierto ya y para siempre su Embajada en Albania; esa España en libertad no podía sino, en este su primer Otoño Cultural en suelo albanés, salir al encuentro de aquellos que quisieron en ella ser voluntarios de la libertad, hicieron de ella argumento de su esperanza, rescatar su memoria para transformarla en esperanza, el pasado compartido para construir el futuro compartido.

Compartido: así queremos nuestro futuro. Compartido,  también, no sólo en la memoria, sino también en la literatura, esas páginas en que los escritores transforman la experiencia o el sueño en el siempre, que viven para siempre ya no en sí mismos ni en las vivencias que movieran un día una pluma – o, en el caso de Petro Marko, un lápiz – una mañana fría de enero de 1956, en una fría habitación de Tirana que no calentaba del todo el Sol, a escribir las palabras “Hasta la vista” y todas las que vinieron después; sino también y sobre todo de todos aquellos que, en cualquier lugar, cualquier tarde gris o noche de insomnio, tal vez con el sonido del generador eléctrico de fondo, empiecen a leer las palabras que Petro Marko escribió aquella lejana mañana de enero de 1956.

Porque a veces la escritura es la vida, a veces para vivir o para no morir escribimos, para ser nosotros o Petro Marko escribimos, para huir con Cernuda de allí

“Donde habite el olvido,

en los vastos jardines sin aurora;

donde yo sólo sea

memoria de una piedra sepultada entre ortigas,

sobre la cual el viento escapa a sus insomnios”.

Y para vivir, también, leemos. Leemos a Petro Marko y Hasta la vista, donde nuestros imaginarios colectivos se encuentran, donde la imaginación o el sueño engendra tal vez el mito. Y es entonces la literatura más vida que la vida, la vida que permanece tras la vida, que vuelve a vivirse y compartirse tras la vida, la eternidad de los instantes apresados en el papel en blanco que dejó de serlo.

Por ello, no celebramos hoy la memoria, sino la esperanza y la vida. No el presente del pasado, sino el del futuro. No la ausencia de Petro Marko, sino su presencia. No el entonces, sino el siempre.

Manuel Montobbio
Tirana, 9 de noviembre de 2007

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