DIGNIDAD

  • Dignidad 2
  • Dignidad 3

    Hay palabras que definen lo que somos, lo que queremos ser; que encarnan una idea, una luz; que nos guían, nos juzgan, nos dan esperanza y nos mantienen a flote en la tormenta. Palabras que pueden constituir el hilo conductor y leit motif de una vida individual o colectiva. Palabras como libertad. Palabras como dignidad. Palabras a las que Lea Ypi ha dedicado su pensar y su escribir, y de alguna manera su vivir; pues es a partir de su propia experiencia y trayectoria vital que, a la luz de su formación filosófica, acomete su escribir sobre la libertad en Libre. El desafío de crecer en el fin de la Historia - a partir de cuya lectura os compartí mi reflexión “Albania: libertad, pensamiento y vida” -, como lo es a partir de la de su abuela paterna Leman Ypi que lo hace sobre la dignidad que ahora nos comparte en Indignidad. Una vida recreada. Como carta en la botella lanzada al mar de esta web os comparto a partir de su lectura esta reflexión sobre la dignidad publicada como artículo en el número 818 de Julio-Agosto de este año por la revista El Ciervo, con la esperanza de que nos inspire a buscarla en nuestros principios y acción frente al otro, en nuestra mirada del otro, en la vida vivida y por vivir, las personas encontradas y por encontrar, la Historia hecha y por hacer. 

     

    Manuel Montobbio

    Octubre 2026

     

     

    Dignidad 3

     

     

    Dignidad


    Una reflexión a partir de la lectura de Lea Ypi

     

        Hay palabras que definen lo que somos, lo que queremos ser; que encarnan una idea, una luz; que nos guían, nos juzgan, nos dan esperanza y nos mantienen a flote en la tormenta. Palabras que pueden constituir el hilo conductor y leit motif de una vida individual o colectiva. Palabras como libertad. Palabras como dignidad. Palabras a las que Lea Ypi ha dedicado su pensar y su escribir, y de alguna manera su vivir; pues es a partir de su propia experiencia y trayectoria vital que, a la luz de su formación filosófica, acomete su escribir sobre la libertad en Libre. El desafío de crecer en el fin de la Historia, como lo es a partir de la de su abuela paterna Leman Ypi que lo hace sobre la dignidad que ahora nos comparte en Indignidad. Una vida recreada. Libros, reflexiones, palabras que en sí mismos tienen sentido y se sostienen, nos sostienen; mas también en relación el uno con el otro, la una con la otra, pues de alguna manera libertad y dignidad son, pueden ser, caras de la misma moneda, yin y yang de lo que en esencia somos, queremos ser, del individuo que se realiza y trasciende en persona. 

        Recuerda Lea Ypi que su abuela Leman decía que no sólo importa qué se recuerda, sino cómo se recuerda. Cómo se hace presente, nos hacemos presentes. Presentes en el otro, al otro en nosotros presente. Somos el yo que somos frente a nosotros mismos, y somos el que somos ante el otro, frente al otro, en el otro. Puede la del otro ser el alma ante la que la nuestra se mira y es; y puede ser un desconocido, que aquí y ahora nos observa y nos sigue, o en otro lugar, otro tiempo. Otro tiempo, por ejemplo, años después incluso de la muerte, cuando alguien difunde en las redes sociales una foto de sus abuelos paternos en su viaje de bodas en Cortina d’Ampezzo, que se hace viral, con comentarios sobre su abuela que siente cuestionan su dignidad, la llevan a indagar en los archivos de la Segurimi albanesa y en los de otros cuatro países la verdad, el conocimiento, la percepción sobre Leman Ypi, su vida y su dignidad. Y es ahí donde Lea Ypi pone en práctica el cómo del recuerdo – recordar es revivir con el corazón – de Leman Ypi; pues, más allá del qué del recorrido que nos ofrece entre la Historia, la memoria y la documentación, es con la imaginación – reimaginando o recreando una vida – que se desafía la indignidad: la dignidad está en la mirada, en el mirar. Está ciertamente en nuestros principios y nuestra acción ante el otro. Y está en nuestra mirada del otro, en nuestro hacerlo presente, nuestro intentar conocerlo y comprenderlo, alumbrar y cultivar su ser en nosotros. Y para ello no sólo nos basamos en los archivos que sólo lo contemplan como una sospecha, un objeto, una reducción identitaria desde la perspectiva del poder; sino también, donde no alcance el recuerdo, en la imaginación, la recreación.

        Nos lleva Lea Ypi en esa búsqueda de quien nació en 1918 como Leman Leskovicu en una familia albanesa de la alta jerarquía del Imperio Otomano establecida en la Salónica multicultural, plurilingüe y plurireligiosa, a esa ciudad cuya coexistencia y pluralidad se van viendo afectadas por los avatares de la Historia, las guerras balcánicas primero con la independencia de Albania, la Gran Guerra después con la disolución y desmembramiento del Imperio Otomano, la incorporación de Tesalónica y otros territorios a Grecia, mientras transcurren sus primeros dieciocho años de vida y finaliza sus estudios en el Liceo Francés. La decisión, finalizados éstos, de establecerse y buscar trabajo en Tirana abre el segundo acto de su vida y de la obra, que nos introduce en las vicisitudes de la Albania del Rey Zog, la de la anexión italiana y la Guerra Mundial, con ocupación alemana desde 1943 y liberación por los partisanos comunistas en 1944, mientras conoce, se enamora y se casa con el abogado Ashlan Ypi – hijo de quien fuera Primer Ministro Xhafer Ypi -, de convicción democrática e ideales socialistas, y da a luz a su hijo Zafo – padre de la autora – en 1943. La instauración de la dictadura del proletariado y el régimen comunista de partido único liderado por Enver Hoxha da lugar al tercer acto, marcado por la condena a veinte años de cárcel a Ashlan – por el delito, como refleja su confesión y sentencia, de tener unas ideas y concepciones que hoy recoge cualquier Constitución europea – y por el traslado forzoso de Leman y su hijo de Tirana a Kavaja, donde tendrá que trabajar en una cooperativa, al tiempo que es “objeto” de espionaje por los informadores de la Segurimi por su nacionalidad griega y como supuesta agente extranjera, por no encajar lo complejo en lo simple.

        Sea en la transcripción de sentencias y documentos, o en la de informes de quienes hacían el seguimiento del objeto de sospecha, sea en el recuerdo o la recreación imaginada, asistimos en las expresiones, actitudes y acciones de Leman Ypi y de los demás dramatis personae de la obra a diferentes interpretaciones y plasmaciones de la dignidad, desde la conciencia de hacerlo correcto y lo justo de Leman y Ashland, a la de evitar que el fuego destructor de la Historia se propague del padre de éste, o a la de no deber como favor conforme a las reglas del sistema lo que se podía tomar por la mano sin acatarlas de Enver Hoxha. 

        Nos dice al principio Lea Ypi: “Hay algo en el espíritu humano, diría mi abuela, que resiste a todos los intentos de ofensa, daño o humillación – algo de lo que los animales no son capaces, porque son incapaces de pensamientos desconectados de su existencia inmediata. Lo llamamos dignidad…” No nos proporciona en su recorrido una teoría completa, una respuesta definitiva a ese algo: nos hace como ella buscarlo, descubrirlo en ideas y actitudes escritas con la vida, nos comparte y enciende una pregunta, y nos invita a emprender nuestra propia búsqueda en la vida vivida y por vivir, las personas encontradas y por encontrar, la Historia hecha y por hacer. A vivir con dignidad, y a mirar con dignidad. A contemplar y concebir el poder desde la libertad, y a hacerlo desde la dignidad; y desde ambas deconstruir los búnkeres en los que quieren apresarnos el alma.

     

    Manuel Montobbio

     

     

    Dignidad 1