“El cimiento y la voz de Europa”

“El Consejo de Europa cumple 70 años”, El Ciervo, núm 777, Septiembre-Octubre 2019
“El cimiento y la voz de Europa”
Revista El Ciervo, número 777, Septiembre-Octubre 2019
Barcelona
2019

Publicado en el pliego que en su Número 777 (Septiembre-Octubre de 2019) la revista El Ciervo dedicó al Consejo de Europa en su 70 Aniversario, que incluye junto a este artículo de Manuel Montobbio otro de su ex Secretario General Marcelino Oreja. Os compartimos a continuación su texto

 

 

Con el Consejo de Europa

 

            Imagina en una de sus narraciones Ismail Kadaré la resurrección de los imperios muertos, se pregunta cómo serían el mundo y la vida si el Imperio Otomano, o el Imperio Romano resucitaran, o no hubieran dejado nunca de existir, y construye en el intento de repuesta su ficción. Promovió el Informe Cecchini la creación del mercado interior sobre la base de calcular el coste de su no adopción. Bien podríamos, al mirar hacia atrás y hacia delante del Consejo de Europa en su setenta aniversario, preguntarnos sobre el mundo y la Europa en que transcurrirían nuestras vidas si desapareciera éste del mapa o no hubiera éste llegado a existir, sobre el coste del no Consejo de Europa en el hoy y en el siempre.

            Sin el Consejo de Europa, no existirían el Convenio Europeo de Derechos Humanos y sus protocolos adicionales - que configuran un sistema de protección internacional de los derechos humanos único, caracterizado por la posibilidad de acceso de los ciudadanos, una vez agotadas las instancias internas, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos - ni los más de doscientos veinte convenios sobre todos los aspectos relevantes relacionados con los Derechos Humanos, el Estado de Derecho y la democracia, desde la cibercriminalidad a la lucha contra la corrupción o al blanqueo de dinero, desde la lucha contra la tortura a la lucha contra la violencia contra las mujeres o el tráfico de seres humanos o de órganos, o la protección de la democracia a través del Derecho - que dio lugar a la Comisión de Venecia -, o a la Carta Social Europea, que fundamenta nuestros derechos sociales, o la de la autonomía de los poderes locales, por citar algunos ejemplos. Ni viviríamos en un sistema paneuropeo compartido de promoción de los derechos humanos, el Estado de Derecho y la democracia a través de la negociación y aplicación de dichos convenios el ciclo establecimiento de estándares-monitoreo-cooperación para su cumplimiento, con una estructura institucional en que, junto a los gobiernos, están presentes otros poderes e instancias del Estado y la sociedad. Pues junto al Comité de Ministros - órgano de gobierno del Consejo de Europa al que reportan los comités intergubernamentales y de expertos instituidos por los convenios - cuenta éste entre sus órganos, además del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la Comisaria Europea de Derechos Humanos, con la Asamblea Parlamentaria, el Congreso de Poderes Locales y Regionales y la Conferencia Internacional de ONGs.

            Sin el Consejo de Europa, carecería de cimientos el edificio de la construcción europea, y de voz su poder ventrílocuo que se expresa a través de nuestras constituciones y leyes. Pues sobre los cimientos del Consejo de Europa se sustenta el edificio de la Unión Europea.

            Sin el Consejo de Europa, no habría una Europa compartida de Reikiavik a Vladivostok, ni habría podido borrarse el telón de acero que la dividió un día, ni habría habido luz al final del túnel de la noche oscura del que salieron, del que salimos, todos aquellos que vivimos un día en regímenes autoritarios en que soñábamos en compartir, en ser parte de la Europa de los derechos humanos, el Estado de Derecho y la democracia. Pues es al Consejo de Europa adonde vinieron nuestros parlamentarios tras las primeras elecciones democráticas en Junio de 1977 a comprometerse a hacer una Constitución basada en sus principios, y por su palabra de honor ingresamos en otoño de dicho año. Y fue el Consejo de Europa la casa común que acogió a quienes derribaron el muro que nos separaba.

            Sin el Consejo de Europa, el orden europeo e internacional sería el del estado de naturaleza del equilibrio de poder entre los estados en lugar del contrato social compartido en torno a los derechos humanos, el Estado de Derecho y la democracia, y resultaría mucho más difícil hacer realidad las ideas que encarnan hacia dentro y hacia fuera, y transformar en base a ellas el sistema internacional en el sistema de gobernanza global que necesitamos.

            Sin el Consejo de Europa, Europa no sería Europa, ni seríamos nosotros nosotros, y serían menos humanos los derechos humanos. Por eso al celebrar su setenta aniversario celebramos que somos, lo que somos y queremos ser.

 

Manuel Montobbio

 

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