POLICENTRISMO Y ARQUITECTURA INTERNACIONAL: UNESCO E IDEAS CHINAS

  • POLICENTRISMO Y ARQUITECTURA INTERNACIONAL: UNESCO E IDEAS CHINAS

Lanzamos nuestras cartas en la botella con la esperanza de dejar de ser la isla que somos, de que a tu orilla lleguen, en tu alma ser. Las lanzamos la mayor parte de las veces solas, sean un poema, un ensayo o un relato; mas a veces no: a veces juntamos nuestras cartas a las de otros para entre todos escribir una obra colectiva, cuyo valor va más allá del capítulo o artículo por cada uno escrito, u otro a participar en esa aventura colectiva en torno a una temática, una pregunta, un hilo conductor, nos conmina. Tal ha sido el caso del número 64 de los Cuadernos de la Escuela Diplomática, en el que, bajo el título España-UNESCO: Papeles de Trabajo, un amplio conjunto de autores - desde la actual Directora General Audrey Azoulay a sus predecesores Irina Bukova y Federico Mayor Zaragoza, y un amplio elenco de españoles que hacemos de la UNESCO objeto de nuestro pensamiento o acción - implicados, de una u otra manera, en el ser de España en la UNESCO, ofrecemos una visión panorámica y poliédrica de ésta y de éste, como queda reflejado en el índice de los veintinueve trabajos que la conforman, y que podéis leer clicando aquí. Entre ellos, mi ensayo “Policentrismo y arquitectura internacional: UNESCO e ideas chinas”, una reflexión a la luz del planteamiento de mi libro Ideas chinas. El ascenso global de China y la Teoría de las Relaciones Internacionales. No podría haber visto en mejor momento la luz que en los días previos al 75 Aniversario de la UNESCO que celebramos hoy, ni podría haber día mejor que éste para lanzar tras esta presentación su texto como carta en la botella al mar de la web. Ve este España-UNESCO: Papeles de Trabajo la luz gracias a la iniciativa e incansable labor de coordinación del Embajador Servando de la Torre, a quien quiero expresar mi especial reconocimiento, y al compromiso de la Escuela Diplomática y de su Embajador-Director, Fernando Fernández-Arias, por acogerlos en sus Cuadernos y promover que hayan visto la luz a tiempo a pesar de las dificultades de este tiempo de pandemia. Inicia la UNESCO el texto de su Constitución en su preámbulo declarando que “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”: con la esperanza de que contribuyan a erigir en las mentes de las mujeres y los hombres que las lean los baluartes de la paz lanzamos esta carta, estas cartas, en la botella setentaicinco años después.

Policentrismo y arquitectura internacional:

UNESCO e ideas chinas

Como toda organización internacional, es al tiempo la UNESCO foro – escenario y terreno de juego – y actor internacional. En sí misma, y como parte de la arquitectura internacional que institucionaliza el sistema internacional existente, fundamental y fundacionalmente definido al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Un sistema, hoy, en proceso y ante el reto de transformarse en un sistema de gobernanza global.

Vivimos en una era de cambio y un cambio de era determinado por la globalización de la sociedad de la información y por la conformación de China como potencia global y su centralidad en el sistema internacional. Un cambio de era necesitado de nuevos paradigmas para nuevas hojas de ruta.

Inicia la UNESCO el texto de su Constitución en su preámbulo declarando que “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. Constituye su sentido último esa intuición fundacional de la guerra, la destrucción en la cultura, las ideas, el relato cosmogónico y las visiones sacrificiales de la Historia que anidan, se engendran y florecen en las mente de los hombre; su fundamento el convencimiento de que la paz y el orden internacional en fundación tras la Segunda Guerra Mundial tenía que basarse en la educación, la ciencia y la cultura, bien compartido más allá del interés nacional de los estados, patrimonio común de la humanidad que como ninguna otra organización internacional como concepto ha promovido la UNESCO, y con ello la idea misma de humanidad como sujeto colectivo.

Sin embargo, al tiempo que en su propia concepción e institucionalización caracteriza a la UNESCO su naturaleza rompedora en la configuración de la arquitectura internacional construida tras la Segunda Guerra Mundial, es ésta fruto de ese tiempo y de esa visión de la universalidad, de los universales que entonces la encarnaban, que llevan en su denominación a enunciar en singular la Educación, la Ciencia y la Cultura.

¿Cultura, o culturas?.

En la era de la globalización de la sociedad de la información nos encontramos ya navegando en la nave espacial Tierra destino futuro, estamos todos en el mismo barco: nosotros somos, querámoslo o no, todos. Y sin embargo nuestras culturas y civilizaciones nos preparan para ser un nosotros frente a los otros. Tal vez porque, al contrario que Valle-Inclán en su esperpento, que sometía la realidad a la deformación de su imagen en los espejos cóncavos y convexos del Callejón del Gato, la técnica utilizada por las civilizaciones para aproximarse a ésta parece ser justamente la contraria: la de utilizar espejos cóncavos o convexos para contemplarnos a nosotros, a los otros y al mundo como si fueran espejos planos, en la creencia de que son espejos planos. Para salir del Callejón del Gato, para superar la tensión de la conformación de un nosotros global en una única nave espacial Tierra, carente, sin embargo, de una cultura garante de su supervivencia y reproducción, de la necesidad de construirla, afrontamos el reto de realizar un viaje o itinerario intelectual en dos etapas[2]

La primera, de comprensión del presente y del siempre, para entender lo que condiciona y distorsiona nuestra visión de la realidad y del mundo, de las visiones en los espejos - de la universalidad y la supremacía occidental, los orientalismos y los occidentalismos, los “valores asiáticos” y otras alternativas. Y de los supuestos e ideas, en definitiva, que subyacen tras ellos, los sostienen y conforman, desde las de la identidad o las cosmologías a la conceptualización del sistema internacional y las visiones clásicas sobre el mismo y sobre el desarrollo, la democracia, la cultura y la paz.

La segunda, de esbozo y búsqueda de ideas y principios, nuevos paradigmas y posibles elementos para salir del Callejón del Gato, para la construcción del desarrollo sostenible, la paz y la democracia en el nosotros que somos todos. Pues como ideas-cimiento del sistema de gobernanza global y de la nave espacial Tierra en la que navegamos todos destino futuro, necesita ésta de nuevos paradigmas sobre la paz, la democracia, el desarrollo y la cultura. Necesitamos pensar y definir nuevos paradigmas sobre ellas, y necesitamos pensarlos conjuntamente. Pues si - más allá de la lógica interna del pensamiento y los paradigmas sobre la democracia, el desarrollo, la cultura y la paz - nos elevamos para contemplarlos conjuntamente, en las relaciones entre ellos, observaremos, en las visiones clásicas, fundamentalmente la ausencia de éstas. La democracia, el desarrollo, la cultura o la paz constituyen conceptos y áreas de conocimiento y reflexión que se piensan fundamentalmente por sí mismos, y no en relación al otro o los otros, como componentes fundamentales u objetos de reflexión desde su perspectiva propia, o en términos de la relación entre unos y otros: democracia como componente esencial del desarrollo y de la paz, o las relaciones entre cultura y democracia; democracia, desarrollo y cultura como contenidos de la paz o ámbitos esenciales para su construcción; democracia como componente definidor del desarrollo; y tantas otras relaciones posibles. Ni tampoco se relacionan apenas quienes se dedican, en el pensamiento y en la acción, respectivamente a ellas, recluidos en los compartimentos estancos en que a menudo es confinado el pensamiento por la estructuración y diferenciación de las disciplinas académicas. Ni fácilmente se da tampoco la reflexión conjunta sobre la democracia, el desarrollo, la cultura y la paz, y sus mutuas implicaciones e interrelaciones. Pensar, en definitiva, en el todo, en el conjunto, conjuntamente.

Pensarlo conjuntamente, buscar y definir nuevos paradigmas, y hacerlo conjunta y combinadamente, es precisamente lo que ha hecho y hace la UNESCO. Lo que ha hecho, por ejemplo, con la conceptualización de la cultura de paz – expresión coherente con la visión de Galtung de que la violencia no es sólo directa, sino también estructural y cultural; y es también en la cultura, en las mentes y las almas de los seres humanos donde la paz se construye – o la consideración de la diversidad cultural, a partir del Informe de Desarrollo Humano de 2004, de la diversidad cultural como parte esencial del mismo.

¿Cultura, o culturas?. Responder a esa pregunta, en el fondo la de salir del Callejón del Gato, requiere de otro gran angular, otro enfoque: responder, también y al tiempo, a la pregunta por las consecuencias globales del ascenso global de China y Asia, con el consecuente desplazamiento hacia el Pacífico del centro de gravedad del sistema internacional, que caracteriza globalmente el tiempo interesante que nos ha tocado vivir y se constituye en elemento definidor de nuestro cambio de era. La pregunta, con ella, por las ideas chinas y su proyección en la construcción de los universales compartidos y los nuevos paradigmas. La pregunta de si la conformación de China como potencia global y su centralidad en el sistema internacional va a conllevar simplemente un cambio de la estructura, distribución y equilibrios de poder en el sistema internacional existente; o una reconfiguración del mismo y de las ideas y paradigmas en que se sustenta.

Pregunta, preguntas, que procede responder señalando que el ascenso global de China no tiene sólo una dimensión económica y geopolítica; sino también cultural, civilizacional, ideacional, paradigmática.

En ese contexto y con esa potencial trascendencia está teniendo lugar en China un proceso de búsqueda y propuesta para la reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales, que recurre a la obra de las grandes figuras de la Filosofía política china anterior a la unificación Qin y a Las estratagemas de los reinos combatientes para extraer conceptos útiles para la formulación o reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales, desarrollada, en función de su relación con la Teoría de las Relaciones Internacionales elaborada en Occidente, en los enfoques anverso, reverso e interactivo, que recurren respectivamente a un sistema conceptual chino, a ésta o a un diálogo intercultural que aplica simultáneamente marcos conceptuales autóctonos y extranjeros; y que cuentan respectivamente con las figuras y teorías referenciales de Zhao Tingyiang y su teoría del sistema de la Tianxia, Yan Xuetong y su obra Ancient Chinese Thought, Modern Chinese Power y Qin Yaqin y su teoría de la relacionalidad.[3]

Enfoques, planteamientos, ideas chinas que se inscriben en una cultura estratégica cuya comprensión y consideración necesitamos para el diálogo e interacción con ellas. Resulta en ese sentido significativa al efecto la comparación entre la obra de Clausevitz, referencial en la teoría militar occidental, con el clásico El arte de la guerra de Sun Tzu: mientras el primero se centra en la utilización del poder militar u las técnicas para ganar la guerra, el segundo parte del supuesto de que la mejor guerra es la que se gana sin dar batallas, y prioriza para obtener la victoria los elementos psicológicos y políticos sobre los puramente militares, de modo que se produzca una correlación de fuerzas que haga inevitable el resultado del conflicto. Como señala Kissinger en On China (2011), la famosa máxima de Clausevitz de que la guerra es la continuación de la política por otros medios presupone una diferenciación entre guerra y política que no se da en el planteamiento de Sun Tzu, y mientras los estrategas occidentales “test their maxims by victories in battles; Sun Tzu tests by victories where battles become unnecessary”. Igualmente ilustrativa resulta la comparación que en dicha obra realiza entre el ajedrez y el juego tradicional chino del wei qi como expresiones de la mentalidad y tradición estratégica occidental y china. Mientras en el ajedrez nos encontramos ante un juego de suma cero, con un único e inequívoco resultado posible y todas las piezas sobre el tablero, en el wei qi se trata de obtener la ventaja estratégica y progresiva sobre el adversario, de rodearlo hasta consolidar una ventaja estratégica sobre él, para lo que cuentan tanto las piezas sobre el tablero como las que se encuentran fuera de él. ¿Qué pasa, qué puede pasar, cuando uno está acostumbrado a jugar al ajedrez – tal vez sea éste incluso el único juego que conozca o pueda concebir – y se encuentra jugando frente a otro acostumbrado a jugar wei qi – que tal vez sea a su vez el único juego que conozca o pueda concebir?.

Debate y planteamientos con una doble implicación potencial. Globalmente, pues afecta a las ideas en que se basa la concepción del propio sistema internacional, de cuya arquitectura es expresión principal el sistema de Naciones Unidas y la propia UNESCO como parte de éste. Un sistema que hay que pensar no sólo en cada instrumento, sino en la orquesta. Y específicamente para la UNESCO, pues tal vez el sistema internacional y su arquitectura necesite de un foro donde se produzca ese intercambio de ideas, tal vez el sentido de la UNESCO como organización de las Naciones Unidas para la Cultura, de su dedicación a ésta, sea también el de la construcción del metarelato compartido, la civilización de las civilizaciones y los universales universales. Foro de diálogo y puente para abordar la cuestión definitiva y definidora más allá del qué, el cómo, el dónde, el por qué o el para qué de la navegación de la nave espacial Tierra destino futuro: el quiénes, el nosotros que somos todos y en ella navegamos.

Quiénes: ¿y si, en lugar de la polis en que vivimos desde La República de Platón y La Política de Aristóteles, de la política en la que parecemos desde siempre vivir, hubiéramos vivido en la Tianxia que Confucio, Mencio, Mozi, Xunzi o Huanfeizi concibieron en las obras que conforman la Filosofía política clásica china como la unidad de gobierno natural de los seres humanos?. Tianxia: todo bajo el cielo, seres que bajo él habitamos. Y, en consecuencia, la labor y reto del pensamiento y la acción política fuera la de superar los gobiernos o unidades políticas territoriales para desde ellas construir o contribuir al gobierno de todo bajo el cielo. Y el orden natural de las cosas fuera la existencia de un Gobierno mundial junto y sobre los gobiernos territoriales. Pues presupone, a sensu contrario, la polis – sea ésta encarnada por la ciudad griega o el Estado contemporáneo – necesariamente otras polis, un nosotros frente o contra los otros, y la necesidad de relación con otras polis, la distinción entre política interior y exterior, y, como correlato de la identificación de Constitución que regula el sistema político y rige la vida política de la polis con el contrato social y la cúpula de la pirámide kelseniana del Derecho, la identificación de la sociedad y el sistema internacional con el estado de naturaleza.

¿Y si desde esa óptica de la Tianxia como concepto y unidad referencial y a la luz de esa filosofía política clásica china y de Las estratagemas de los reinos combatientes – texto fundacional de la historiografía china, como La Historia de la guerra del Peloponeso lo es de la nuestra – analizáramos la Teoría de las Relaciones Internacionales y el sistema internacional existente, al objeto de contribuir a su conceptualización, conformación y evolución?.

Nos decía María Zambrano que el hombre es el único ser que no sólo padece la Historia, sino también la hace; y en ese hacer, en ese querer hacerla, radica en buena medida su esencia y se cumple su ser. Y que para hacerla recurre a las creencias y a las ideas, pero que mientras las creencias nos vinculan al pasado, las ideas nos atraen hacia el futuro y lo adelantan. Se nos plantea el reto de construir en común el futuro común a la luz de las ideas, entre todos la universalidad de todos, a través del diálogo entre las ideas, desde la confianza en que las buenas ideas por sí mismas se sostienen, iluminan el camino.

Señalaba José María Ridao, – quien a su condición de escritor une la de diplomático, que entre otras cosas le ha llevado a ser Embajador de España en la UNESCO – entre las reflexiones que le había suscitado la lectura de mi libro Ideas chinas en la presentación de éste en Madrid, que tanto como el pensamiento del otro había encontrado en éstas ideas y propuestas que fueron ensayadas en Occidente, pero fueron abandonadas o descartadas al imponerse finalmente otra corriente de pensamiento, otras ideas en el tronco y las ramas del árbol de nuestras sabiduría, como por ejemplo la tradición pitagórica abandonada en favor de la platónico-aristotélica dominante en el pensamiento occidental. Encontrarnos con las ideas chinas, con las ideas y tradiciones de otras culturas y civilizaciones de otras culturas, es así de alguna manera encontrarnos con nosotros mismos, con quienes pudimos ser y no fuimos, pero que han sido y son otros, otra maravillosa evolución y encarnación de la cultura y la especie humana, de ser del todo la humanidad que somos, que podemos ser, y para serlo del todo sólo podemos serlo en el otro. Nos dice Seferis en uno de sus versos que un alma sólo puede ser del todo en otra alma. Es así, en definitiva, una oportunidad única de incorporar a nuestra sabiduría colectiva esos tres mil años de tradición cultural, de acumulación y destilación de saber que se encarnan en las ideas chinas. De construcción de un nosotros que seamos realmente todos.

Ningún reto, ninguna aventura intelectual puede resultar más atractiva para hacer realidad las palabras del preámbulo de la Constitución de la UNESCO que siempre nos recuerda Federico Mayor Zaragoza. Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres que deben construirse los baluartes y fundamentos de la paz, superarse la incomprensión mutua de los pueblos. Con la conciencia y convencimiento, como nos señala también éste, de que “una paz fundada exclusivamente en acuerdos políticos y económicos entre gobiernos no podría obtener el apoyo unánime, sincero y perdurable de los pueblos, y que, por consiguiente, esa paz debe basarse en la solidaridad intelectual y moral de la humanidad”. De que construir la paz es construir esa solidaridad intelectual y moral de la humanidad.

Construcción de la humanidad y su nosotros; y construcción de hombre y la mujer, la persona que somos, que podemos y queremos ser, en cada uno y cada una: cada mañana el espejo nos pregunta qué hacemos para alumbrar en nosotros a esa persona; nos dice, como Mercedes Sosa en su canción, que no todo está perdido si venimos a ofrecer nuestro corazón, que hoy podemos dar algún paso que nos acerque hacia ella.

Manuel Montobbio[1]

[1] Diplomático, escritor y Doctor en Ciencias Políticas. Autor, entre otros libros, de Ideas chinas. El ascenso global de China y la teoría de las Relaciones Internacionales (2017) y Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global (2008).

[2] Un viaje o itinerario intelectual que invito al lector interesado a realizar a través de las páginas de mi libro Salir del callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global (Barcelona, Icaria, 2008)

[3] Para un desarrollo de dichos enfoques y de las consecuencias paradigmáticas del ascenso global de China, vid. Manuel Montobbio, Ideas chinas. El ascenso global de China y la Teoría de las Relaciones Internacionales Barcelona, Icaria-Real Instituto Elcano, 2017)