Vivimos los tiempos interesantes a los que se refiere la maldición china. Tiempo que, como todos, tiene su signo, su aire, su atmósfera, eso que los chinos denominan shi en su lenguaje-pensamiento no siempre fácil de traducir al nuestro. Tiempos determinados por el (re)ascenso global de China, por la superposición, afirmativa, de la geopolítica a la globalización. Tiempos necesitados de mapas mentales y hojas de ruta, paradigmas e ideas para su aprehensión, comprensión e interpretación. Tal es el propósito interpretativo y propositivo que anima a Fidel Sendagorta a escribir Estrategias de poder. China, Estados Unidos y Europa ante la gran rivalidad. Tal, también, el que me llevó a escribir, a partir de la lectura de su obra y en diálogo y contrapunto con ella desde mi propia obra y recorrido, el ensayo “Poder, estrategias e ideas ante el ascenso global de China”, que la Revista de Occidente me ha hecho el honor de publicar en su número 524 del pasado mes de Enero. Como carta lo meto en la botella y a continuación os lo comparto. Lo lanzo al mar de la web con la esperanza de contribuir a la conversación, a la búsqueda en común de claves e ideas con las que orientarnos y orientar nuestra navegación por las aguas, los vientos y los retos del tiempo interesante que vivimos.
Manuel Montobbio
París,
Luna menguante
de Marzo
de dos mil veinticinco
PODER, ESTRATEGIAS E IDEAS
ANTE EL ASCENSO GLOBAL DE CHINA
Tiene todo tiempo su signo, su aire, su atmósfera, eso que los chinos denominan shi en su lenguaje-pensamiento no siempre traducible al nuestro. No lo captamos con una fotografía de los hechos en que se manifiesta en determinado momento. Pueden ser éstos expresión y fruto de otros tiempos, crestas de olas que inician su descenso. Podemos también aprender a vislumbrar en ellos signos de lo que viene, a lo que propende, los vientos que soplan a tener en cuenta en nuestra navegación. No es fácil captar el vapor; mas al encerrarlo en un cilindro podemos mover una locomotora. Tal vez sea por ello que, a partir de la afirmación de Trotsky de que “Sin el partido bolchevique, el descontento popular sería como el vapor no encerrado en un cilindro”, los teóricos de la revolución nos hablan del “cilindro de Trotsky” para designar al actor u organización que cataliza la revolución. Bien podríamos hablar también, en el plano de las ideas, de libros cilindro de Trotsky que captan, sintetizan y catalizan los signos del tiempo en que vivimos, y de alguna manera al mirar hacia delante lo adelantan, ponen luces largas que nos iluminan el camino y los retos por delante, esclarezcan las opciones frente a ellos. Bien podríamos calificar, en este sentido, de cilíndrico el libro de Fidel Sendagorta Estrategias de poder. China, Estados Unidos y Europa en la era de la gran rivalidad (2020).
Tiempo interesante del ascenso global de China y su reflejo de poder global que plantea necesariamente un reequilibrio en un sistema internacional basado en un reequilibrio de poderes, si no un replanteamiento de éste. Más allá de los análisis e información que nos proporciona sobre su temática, nos propone todo libro una arquitectura, un edificio o estructura intelectual para captarla: de alguna manera constituye ésta la estructura del cilindro que nos puede permitir seguir captando una realidad cambiante más allá del vapor concreto apresado en él en el momento de escribir, el itinerario analítico que nos invita a recorrer para contemplar el presente en clave de futuro. Determina sin duda esa arquitectura, ese itinerario la potencia del cilindro, como lo hace en el caso del libro de Fidel Sendagorta.
Pues, si sostiene la tesis de que estamos pasando de un sistema basado en la globalización que ha hecho posible la revolución tecnológica de la sociedad de la información y el fin de la Guerra Fría, planteada como un juego de suma positiva, a un sistema determinado por la geopolítica, en un juego de suma cero, coincidiendo con el paso del sistema unipolar que sustituyó a la bipolaridad de la Guerra Fría a una nueva bipolaridad derivada del ascenso global de China; lo hace como resultado del recorrido analítico previo, en que, partiendo de la hipótesis de que la percepción y relación con China y su transformación ha pasado de la convergencia a la competición, nos guía en la aprehensión de ese ascenso global y sus implicaciones, así como de las estrategias frente a ello de Estados Unidos y de la Unión Europea, en un itinerario por las visiones e intereses, los desafíos económicos y tecnológicos – como el de las redes 5G -, el desafío ideológico – e ideacional -, y el geopolítico que conlleva la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y su corolario de la Ruta de la Seda Digital. Un recorrido que nos lleva necesariamente a la consideración de Asia Pacífico como nuevo escenario central del sistema internacional, con el consiguiente desplazamiento del centro de gravedad de éste que conlleva, y los retos que ello implica para China, para Estados Unidos y para cualquier potencia con vocación y proyección global, y por ello para la actoría internacional de la UE. Que nos lleva, en fin, a mirar desde el presente hacia el futuro, a preguntarnos por las consecuencias globales para el sistema internacional y su evolución. Preguntarnos, por ejemplo, si este ascenso global de China es compatible con el mantenimiento del orden internacional liberal en el que se integró; si la teoría de la interdependencia que nos ha llevado a considerar la globalización como un juego de suma positiva en que todos ganan, en lo que ha primado la perspectiva económica, va a dejar paso a una desglobalización alentada por la preocupación de seguridad y la autonomía estratégica. Considera Sendagorta que el que China será revisionista en lo geopolítico y mantenedora del statu quo en lo económico y Estados Unidos revisionista en lo económico y mantenedor del statu quo en lo geopolítico responde en lo fundamental a una cuestión, un conflicto de poder, y que
“Esta relación intrínsicamente conflictiva en torno al poder es la que define en gran medida el orden internacional de nuestro tiempo. La principal consecuencia sería la emergencia de tres órdenes: un orden internacional común para todos, pero muy adelgazado respecto al anterior, reducido a regular la economía global y el control de armamentos, y dos órdenes limitados, liderados respectivamente por China y Estados Unidos y destinados a competir entre ellos” (2020: 151).
Mas no se resigna a constatarlo, a levantar acta de este mundo bifurcado que puede venir; sino que, consciente de que, mientras China ha jugado a la ofensiva, Europa lo ha hecho a la defensiva, formula propuestas, sugiere iniciativas para una estrategia común, partiendo de la necesaria, ineludible asunción del reto de actoría internacional y proyección europea hacia Asia Pacífico, y de que hablar el lenguaje del poder implica constituirse en poder, plantearse la cooperación desde la competición. Propuestas como la creación de una coalición para un Internet libre y confiable con Estados Unidos y otros países afines en el Atlántico y el Pacífico, que podría tener como pilares una Alianza para la Ciberseguridad y un Banco Digital. O como la resurrección del TTP (Tratado Trans Pacífico) y del Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversiones, y la fusión de ambos. O la prevención de la concertación permanente y sistémica entre China y Rusia en la esfera euroasiática.
Nos dice Sloterdijk en Normas para el parque humano que los libros y las obras que han ido conformando nuestro saber son cartas enviadas a los amigos – pues amigos son de algún modo quienes nos lean, amigos somos de quienes hemos leído -; cartas que responden a otras cartas anteriores y narran para posteridad el tiempo interesante que nos ha tocado vivir y sus lecciones. Se construye nuestra cultura en ese intercambio de cartas. Y también nuestra amistad. Escribe Fidel Sendagorta en Estrategias de poder su carta a los amigos, y a través de ella nos comparte el fruto de una larga trayectoria diplomática que le aporta la experiencia de haber vivido desde dentro y al tiempo haber reflexionado sobre ellas; y contribuye con ello a la conversación global sobre el tiempo interesante que vivimos. Amistad y diálogo, en mi caso, no sólo la que se desprende de la lectura de este libro, sino la desarrollada a lo largo de los años en que nuestros caminos diplomáticos se han cruzado en diversas ocasiones, desde la que quisiera completar la respuesta a su carta, además de la desde la consideración de lo que nos dice, desde la de lo que no nos dice, complementando la perspectiva que nos aporta desde otros ángulos y consideraciones relevantes para aprehender en toda su dimensión los retos que nos plantea el ascenso global de China. Pues podemos contemplar éste en términos económicos y políticos, en clave geopolítica, aplicando la Teoría de las Relaciones Internacionales y con el arsenal conceptual de ésta desarrollado en Occidente y la lógica a ésta subyacente, como nos invita a hacer; mas no sólo: el ascenso global de China tiene también, como señalo en mi libro Ideas chinas. El ascenso global de China y la Teoría de las Relaciones Internacionales, una dimensión ideacional y paradigmática. La emergencia y el desarrollo de China conlleva necesariamente el paso de un mundo centro-periferia a un mundo policéntrico, que necesariamente hay que pensar y repensar, para cuya comprensión y aprehensión no nos sirven los mapas conceptuales de los que hasta ahora disponemos. Nos plantea la cuestión de si dicha emergencia y transformación va a conllevar simplemente un cambio de la estructura, distribución y equilibrios de poder en el sistema internacional existente, o una reconfiguración del mismo y de las ideas y paradigmas en que se sustenta. En ese contexto y con esa potencial trascendencia está teniendo lugar en China un proceso de búsqueda y propuesta para la reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales, que recurre a la obra de las grandes figuras de la Filosofía política china anterior a la unificación Qin y a Las estratagemas de los reinos combatientes para extraer conceptos útiles para la formulación o reformulación de la Teoría de las Relaciones Internacionales, desarrollada, en función de su relación con la Teoría de las Relaciones Internacionales elaborada en Occidente, en los enfoques anverso, reverso e interactivo, que recurren respectivamente a un sistema conceptual chino, a ésta o a un diálogo intercultural que aplica simultáneamente marcos conceptuales autóctonos y extranjeros; y que cuentan respectivamente con las figuras y teorías referenciales de Zhao Tingyiang y su teoría del sistema de la Tianxia, Yan Xuetong y su obra Ancient Chinese Thought, Modern Chinese Power y Qin Yaqin y su teoría de la relacionalidad. Constituye ello a su vez el reflejo de una cultura estratégica y un paradigma cilvilizacional. Vienen a decirnos las ideas y aproximaciones chinas que la “maldición de Tucídides” se cumplirá si pensamos como Tucídides, en términos tesis-antítesis-síntesis; mas no a partir de la asunción de la coexistencia del yin con el yang y su interacción positiva – en la que pueden coexistir co-tesis que conviven e interactúan armónicamente, y eventualmente se trascienden en una universalidad o paradigma superior -, de las ideas que desde China a partir de ésta se formulan. Vienen a decirnos, también, que tan relevante puede ser lo que haga China como lo que no haga en el proceso de restauración cultural y retorno a la centralidad global en que está inmersa. Que no necesariamente va a seguir la lógica de ascenso y caída de las potencias hegemónicas precedentes, más propia de una visión lineal que cíclica de la Historia, como de hecho se plantea en la reflexión en ella emprendida, en la que se pregunta cómo superarla. Lo que no está en su lógica civilizacional e histórica, como la imposición universal de un modelo, o de su propia universalidad. Nos decía Sun Tzu que el buen general es el que obtiene victorias sin tener que dar batallas.
Legitima China al sistema internacional en su búsqueda de legitimidad; y viceversa. Como todos. Se busca al buscarla sobre todo a sí misma, y al encontrarse consigo misma se nos plantea el reto de cómo encontrarnos con ella. Reto de asumir el policentrismo del sistema internacional, del mundo. Reto de construir con ella, junto a ella, la universalidad compartida, referentes comunes para la convivencia armoniosa, la aceptación, comprensión e interacción en un juego de suma positiva. Nos ofrece para afrontarlo la Controversia de los Ritos interesantes lecciones en su intento único de compatibilizar la universalidad cristiana de entonces con los ritos de la tradición china. Como nos señala Lanxin Xiang en The Quest for Legitimacy in Chinese Politics. A New Interpretation (2020), si reemplazáramos los términos de entonces por los definidores de la universalidad occidental de hoy como individualismo, derechos humanos, democracia, contrato social o Estado de Derecho, podríamos encontrar una iluminadora similitud con las preguntas que cabe plantear y se plantean en la interlocución occidental con China. ¿Cómo compatibilizar los ritos de gobernanza china con los occidentales?. ¿Cómo expresar los valores universales de los derechos humanos en una China que no reconoce la universalidad, y cómo y hasta dónde acomodar sus criterios rectores a ésta?. ¿Cómo y hasta qué punto acomodar las peculiaridades de su sistema político y sus mecanismos de legitimación al templo universal de la democracia?.
No se circunscribe esa legitimación al sistema internacional, sino que se remite al poder y al sistema político y económico en su conjunto, a la organización y funcionamiento de la vida en sociedad. No necesariamente contradictoria a Occidente, yin coexistente con el yang con potencialidad de mutua interrelación co-evolutiva y transformadora. Nos señalaba José María Ridao en la presentación de mi libro Ideas chinas en Madrid que las encontradas en su lectura le habían resultado en muchos casos extrañamente familiares, al tratarse de ideas que se habían considerado en el debate que ha caracterizado la evolución de la Filosofía occidental, pero que fueron descartadas y excluidas, dejadas de lado de la corriente principal; y aludía por ejemplo a la tradición pitagórica orillada por la aristotélica que acabó imponiéndose. De alguna manera, nos encontramos, al encontrarnos con la tradición de pensamiento chino, con el pudo ser que no fue el nuestro, y conociéndolo y dialogando con él ampliamos nuestra propia tradición y visión, asumimos en mejor y mayor medida el desarrollo del espíritu y el alma humana en toda su potencialidad, nos conocemos mejor a nosotros mismos y al otro, y podemos mejor llegar a ser todo lo que podemos ser. Es la nuestra, como nos decía Simone Weil, un alma enraizada, entre otras cosas en la propia tradición de pensamiento y cultura. Si están nuestras raíces conectadas a su tierra, buscan nuestras ramas encontrarse en el cielo con nuestra común condición humana y con el alma universal, y puede ser ese encontrarse el cielo, esa co-evolución, esa interacción entre el yin y el yang mutuamente transformadora. Constituye así el encuentro de las nuestras con las ideas chinas una oportunidad única de añadir a nuestra tradición de pensamiento otra durante milenios desarrollada, de construir entre todos la universalidad de todos. Construirla hacia delante y en común, no desde la imposición de una sobre otra, sino desde el diálogo mutuamente enriquecedor. Los conflictos no se superan sólo por imposición o retirada; sino también por trascendencia. Potencialmente por la evolución hacia otro grado de conciencia de la humanidad. Reto para ello de asumir que no basta ya con el equilibrio de poder, no basta ya con la estabilidad, no basta con la perspectiva de los Estados y de los actores: necesitamos la del sistema, la del todo. No viajamos ya en el tiempo y en el espacio por la Tierra, sino todos en la nave espacial Tierra destino futuro. Nos encontramos, por decirlo desde la perspectiva cultural china, en la Tianxia común. Asumir, en definitiva, que en la era de la globalización de la sociedad de la información, nosotros somos, querámoslo o no, necesariamente todos. Y, sin embargo, nuestras culturas y civilizaciones nos llevan a contemplarnos como un nosotros frente o contra los otros. En la superación de esa contradicción radica en buena medida la clave de la construcción de la gobernanza global.
En y para este este viaje en común en la nave espacial Tierra destino futuro, sin negar el juego geopolítico, necesitamos afrontar en común los retos comunes, asumir nuestra común condición humana, superar cada uno su propia lógica, centrarnos en lo que nos une y pasar a una nueva lógica de juego de suma positiva. Frente a la globalización de la interdependencia económica del crecimiento insostenible, puede ser la alternativa la geopolítica del juego de suma cero como bien nos apunta Fidel Sendagorta; mas también puede serlo la trascendencia/deconstrucción de los espejos cóncavos y convexos que nos retienen en el Callejón del Gato, la transformación del sistema internacional hacia un sistema de gobernanza global, cambio de paradigma que necesitamos para la navegabilidad y navegación de la nave espacial Tierra destino futuro. La pregunta del poder es la del quién y el quiénes; mas también la del para qué: difícilmente para qué mejor que el de la vivencia y supervivencia de la humanidad sobre la Tierra, de la vida en el planeta, la esperanza en el universo.
Manuel Montobbio
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