PARÍS

  • Pont Alexandre III Sena Effiel
  • Effiel Sena anochecer
  • Eiffel Sena noche
  • Sena barcos
  • Sena patos

     

     

    PARÍS

    Una aproximación poética

     

                Hay ciudades en que transcurre un tiempo, una etapa de nuestra vida; y las hay en que, también y al tiempo, hay a través de nuestra vida un tiempo de ellas. Como si, tras la emoción de cada estancia, no fuera la partida un STOP, sino un PAUSE a la espera de un nuevo PLAY en el que fluya el tiempo y la vida. Y nos preguntamos con nostalgia anticipada si llegará tal vez un día en que comenzará el tiempo distinto de la cotidianidad de la vida en esa ciudad. Ha querido el destino de mi vida diplomática itinerante que tras el de Estrasburgo ante el Consejo de Europa haya venido el de París ante la OCDE, tras el tiempo de sus cisnes el presente de un presente, un tiempo en París. Tiempo en París de la cotidianidad de nuestras vueltas al Sena que Dulce y yo hemos dado en nuestro paseo vespertino, cuyo procesamiento poético ante la perspectiva de partir a un nuevo destino en Helsinki ha dado lugar a este París en el que se ha vertido el agua desde el principio y el siempre estancada, lo vivido y lo reflexionado y lo del alma vislumbrado o descubierto, vapor de la música apresado en una sinfonía en seis movimientos.

                Si el primero, Tiempo de París, capta éste como tiempo de la vida que pasa y nos pasa de PLAY en PLAY, y al tiempo el tiempo de París en mí, su presencia referencial en mi tiempo interior a través de los libros y las obras que en París transcurren, que París inspira y que han esculpido mi alma; constituye el segundo, Tiempo de París, el eje central de la obra, procesamiento poético de  la experiencia que la motiva y la sostiene, recreada (o creada) a partir de la vuelta al Sena que, de regreso a casa en Avenue Marceau, salimos a dar cada tarde Dulce y yo, cuando verdaderamente empieza el tiempo y la vida en París. Y se alumbra a partir de ella y las reflexiones y observaciones que suscita cotidianamente, del descubrimiento y recorrido por la rive droite, por la rive gauche y por las islas del Sena un París poético, una vida en París. Es el agua la fuente de la vida, y de ella estamos hechos, y son las Aguas del Senaque respiran / nuestros pulmones / que recorren / nuestras venas -, a las que se dedica el tercer movimiento, la sangre de París, las que nutren el corazón de París y las que sus habitantes, al beberla, transformamos en sangre. Sangre que nutre el alma de París, que se refleja en el alma de sus habitantes, como la de París en la de éstos, y fluye así como las aguas del Sena sin fin el ciclo de la vida. –

    La vida

                                        engendra 

                                                                           la vida.

    Nunca

                                        habrá

                                                                           fin

    nunca

                                        morirá

                                                                           París. -

    Pues no está el Sena el Sena: está en París; ni está París en París: está en el Sena evaporado, aire que respiramos. Se nos mete París alma adentro, y vive en el siempre. Nos plantea tras ello el cuarto movimiento la Ubicación de París. Pues no está París sólo en sus calles…; no está sólo en la superficie, sino también en el subsuelo que recorren los égouts, el metro y el RER, las catacumbas y cinco millones de ratas. También en el cielo en el cielo en el que se evaporan los sueños de sus habitantes, las almas de quienes en París han sido y serán, en quienes habita París. Pues está París en el mundo y está el mundo en París, y es París un imán que todo lo atrae, que a todos atrae; ni es ahora en París ahora, como no somos hoy sólo el que somos hoy, sino, también y al tiempo, todos los yo que hemos sido en el caminar de la vida, y habitan en él los ciudadanos de la Lutecia romana, y cuantos la han habitado tras ellos. Y nos preguntamos cómo queremos que París madure en el alma, de qué seremos vestigio o semilla, que dirán de nosotros, de nuestro tiempo, en el cuarto milenio en el Museo del Louvre, en la sala que nos dediquen en el Carnavalet. Pues no habita París en el tiempo; sino en la eternidad. Da paso así el quinto movimiento al Alma de París, que alimentan los sueños de París que en París respiramos y engendran el París que nos habita en el alma, y lo iluminan. Sueños que sueñan La Gioconda, la Victoria de Samotracia, el escriba sentado y los demás seres que habitan de día el Museo del Louvre, y salen de noche de sus estatuas, de sus cuadros, para la vida en la noche de París, para vivir para siempre los sueños que en París se sueñan, o para encontrarse con sus amigos impresionistas del Musée d’Orsay y con… y al final todos juntos terminar su periplo escalando la Tour Effiel y ascender por los cielos de parís hasta transformarse en estrellas de su firmamento, iluminar el alma del Universo. Pues es la nuestra y la de París un alma enraizada, y se retroalimentan y enraízan respectivamente nuestra alma individual, el alma de París – y la de Francia – y el alma universal; y se hunden sus ramas en el cielo, y con las ramas de otras almas en el cielo se encuentran, se funden en el alma que somos, y le damos vida, y nos da vida. Y así – con París en el alma, con el alma en París – no nos vamos de París: se nos mete dentro, y con nosotros va doquiera que vamos. 

                Concluye nuestro recorrido y la sinfonía en el sexto y último movimiento con Llave de París. Pues este poema no es un poema: es una llave que abre la compuerta por la que en nuestras venas entra el agua del Sena. Al girarla, se transforma el ahora en el siempre, se abre la puerta tras la que están las escaleras que alma adentro bajan a donde vive París, a donde vives siempre en París. Llévala siempre contigo: con ella está siempre en París, está París siempre en ti. No tienes más que girarla, no tienes más que leerlo. ¿A qué esperas?.

     

     

    Manuel Montobbio

    Helsinki,

    Luna

    inspirada por París

     

     

     

    Sena A III

     

     

     

    PARÍS
     

    A aquellos

    cuyas almas

    dan vida a

                                                                  París.

    A aquellos

    en cuyas almas

    vive

    París.

              A las aguas

    del

                                                                  Sena,

    sangre

    de nuestras

                                                                  venas.

    A Dulce,

    y a nuestras vueltas

    al

                                                                  Sena.

              A Clara

    a Joan

    y a Violeta,

    al tiempo

    en                                                          París

    compartido,

    al tiempo

    de                                                          París

    en sus vidas.

              Al tiempo

    de

                                                                  París

    en la

                                                                  vida.



     

    Sena A III Effiel

     

     

     


     

     

    PARÍS

     

     

    I.- TIEMPO DE PARÍS

                                                                                

     

             Tiempo de 

                                                                               París,

    aguas del

                                                                               Sena.

     

             Tiempo de 

                                                                               París,

    siempre fugaz,

    siempre breve,

    siempre insuficiente,

    siempre añorado 

    por los turistas

    y los visitantes

    que en

                                                                               París

    fotografían

    la eternidad

    de los instantes.

             Tiempo de

                                                                               París

    para mí nacido

    en el tiempo

    de la juventud

    que buscaba

    su argumento

    verano del ochenta y uno

    con la mochila

    y la ilusión

    a cuestas

    aquellos días 

    en que, camino

    de Inglaterra,

    nos alojamos en una residencia

    de la Ciudad Universitaria

    asombro y emoción

    tras la noche en el tren

    de contrastar lo real

    con lo imaginado,

    de la primera vez

    en la Tour Effiel

    en Nôtre Dame

    en el Arco de Triunfo

    en los Campos Elíseos

    o en el Louvre

    tantos lugares

    monumentos

    museos

    y experiencias

    a ver

    a vivir

    en 

                                                                               París

    que no acaba

                                                                               nunca.

             Tiempo de 

                                                                               París

    continuado tras ésa

    en tantas otras visitas

                                                                               siempre

    con la emoción

    de estar de nuevo en

                                                                               París

    de apretar de nuevo

                                                                               PLAY

    a una película

    que habíamos dejado en

                                                                               PAUSE

    en la que somos

    guionista y actor

    junto a 

                                                                               París:

    en la Navidad

    del ochenta y uno

    para el Encuentro Ecuménico

    de Taizé, 

    el verano del ochenta y dos

    entre tren y tren

    hacia descubrir Alemania

    desde Dortmund

    mientras hacía prácticas

    en la Ruhrkohle AG,

    el del ochenta y tres

    antes de salir

    en el tren hacia Berlín Oeste

    que no paraba ya

    hasta llegar a éste 

    tras atravesar

    el telón de acero

    mientras desde la ventana

    del vagón se vislumbraba

    otro mundo

    otro tiempo,

    Enero del ochenta y seis

    desde Brujas

    con algunos compañeros

    españoles y portugueses

    del Colegio de 

                                                                               Europa

    celebrando que habíamos

    entrado en

                                                                               Europa

    y que éramos jóvenes

    y todo estaba

    por escribir,

    ya diplomático

    en los últimos ochenta

    para participar

    en las reuniones

    de cooperación al desarrollo

    de la OCDE

    con la misión y la inquietud

    sobre los pasos

    a dar por España

    para ser miembro

    de su Comité de Ayuda al Desarrollo

    (y de paso quedarme

    el fin de semana invitado

    en la chambre de bonne

    en que Emmanuel y Muriel

    iniciaban su vida en común),

    tantas otras visitas

    desde entonces a lo largo

    de estas décadas

    a reuniones

    en la OCDE

    en la UNESCO

    con Francia

    o a conferencias diplomáticas

    en

                                                                               París,

    más recientemente

    en Enero 

    de dos mil quince

    para presentar

    en el Palacio del Elíseo

    mis credenciales

    como Embajador de 

    España

    en

                                                                               Andorra

    al Presidente

    François Hollande,

    Copríncipe de

                                                                               Andorra,

    o después desde 

                                                                               Estrasburgo

    para participar

    como miembro por

                                                                               España

    en las reuniones

    en su sede en

                                                                               París

    del Governing Board

    del Banco de desarrollo

    del Consejo de

                                                                               Europa,

    en Mayo

    del noventa y cuatro

    en mi primer viaje a

                                                                               París

    con 

                                                                               Dulce

    iniciando nuestra

                                                                               Luna

    de miel

    que seguiría en

                                                                               Myanmar

    antes de regresar a

                                                                               Yakarta,

    en los primeros dos mil

    con nuestros hijos

                                                                               Clara y Joan

    para que conocieran el

                                                                               París

    del que tanto

    oían hablar

    en el Liceo Francés de

                                                                               Madrid,

    tantas otras veces

    otras vivencias

    que podría contar

    tras estos puntos suspensivos…

             Tiempo de

                                                                               París,

    collar de perlas

    de eternidad

    de los instantes,

    de instantes

    de eternidad,

    hilo conductor

    de la trayectoria

    de mi

                                                                               vida,

    del camino de la

                                                                               vida.

     

             Tiempo de mi

                                                                               vida

    en 

                                                                               París,

    y tiempo de

                                                                               París

    en mi

                                                                               vida:

                                                                               París

    en la búsqueda

    del tiempo perdido

                                                                               de Proust

    de la educación sentimental

                                                                               de Flaubert

    del amor de Violeta

                                                                               en La Traviatta

    cuando éramos pobres

    pero felices

                                                                               de Hemingway,

                                                                               París

    era una fiesta,

    en tantas otras lecturas

    tantas otras obras de arte

    en que se nos hace presente

                                                                               París

    y nos habita

                                                                               por dentro.

     

             Tiempo de

                                                                               París,

    tiempo de mi

                                                                               vida,

    tiempo de la

                                                                               vida.

     

             Tiempo de

                                                                               París,

    cotidianidad de la

                                                                               vida

    en 

                                                                               París

    fruto del destino

    este tiempo

    estos años destinado

    ante la

                                                                               OCDE

    en 

                                                                               París,

    tiempo de la

                                                                               Tour Effiel

    tras la ventana

    de la oficina

    tras la ventana

    del salón de casa

    en la

                                                                               Avenue Marceau

    de hablar

    ante el micrófono

    con el letrero de 

                                                                               España

    en las salas de reuniones

    de la sede de la

                                                                               OCDE

    en el

    Château de la Muette.

     

             ¿De qué está hecho

    el tiempo de 

                                                                               París?.

             ¿Cuánto dura

    el tiempo de

                                                                               París

    en el alma?.

             ¿Cuánto dura

                                                                               París

    en el tiempo?.

     

             Tiempo de

                                                                               París,

                                                                               París

    en el tiempo.

             Tiempo de la

                                                                               vida,

    vida en el

                                                                               tiempo.

     


     Effiel desde despacho

     


     

    II.- TIEMPO EN PARÍS

     

     

             No empieza

                                                                               la vida

    no empieza

                                                                               el tiempo

    no empieza

                                                                               el día

    en

                                                                               París

    cuando amanece,

    ni cuando contemplas

    al fondo de la ventana

    la

                                                                               Tour Effiel,

    ni cuando empiezan

    las rondas de negociación

    de la

                                                                               OCDE

    en el

                                                                               Château de la Muette;

    sino cuando,

    de regreso a casa,

    salimos

                                                                               Dulce y yo

    a dar

    nuestra vuelta

    de cada día

    por el 

                                                                               Sena.

             (Pues nosotros, a pesar

    de que nuestros hijos

    siempre nos insisten

    en que no se puede 

    dar la vuelta

    a los ríos,

    persistentemente

    se la damos

    cada día,

    y en esa vuelta

    vamos viviendo

    la

                                                                               VIDA.

    Ya durante tres

    destinos consecutivos

    ha querido

                                                                               el destino

    que vivamos

    cerca de un río

    al que dar la vuelta

    en nuestro paseo

    de cada día,

    y además

    que de destino

    en destino

    sea mayor

    su cauce

    sea mayor

    su edad,

    como en nuestras vidas

    que son los ríos

    que van a dar a la mar…

             Y así,

    hemos pasado

    de dar la vuelta

    al frenesí

    de las aguas

    del

                                                                               Valira

    a su paso por

                                                                               Andorra la Vella

    antes de que confluyan

    con las aguas del

                                                                               Segre

    que confluyen

    con las aguas del

                                                                               Ebro

    que van a dar

    a la mar,

    a dar la vuelta

    a su paso por

                                                                               Estrasburgo

    a las tranquilas aguas

    del canal del

                                                                               Ill

    que surcan los cisnes

    antes de que confluyan

    con las aguas del

                                                                               Rhin,

    a dar la vuelta

    a las transitadas aguas

    del 

                                                                               Sena

    que surcan

    los bateaux-mouche

    los cargueros

    los cruceros

    o los barcos

    de las selecciones olímpicas

    mientras en sus orillas

    algunos hacen footing

    y los turistas

    fotografían

    su amor y su alma

    con el fondo de la

                                                                               Tour Effiel

    transitadas aguas

    que hacia la mar avanzan

    cuya desembocadura

    tantas veces hemos visto

    yendo a visitar

    a nuestra hija

                                                                               Violeta

    a

                                                                               Le Havre

    donde ha estudiado

    SciencesPo).

     

             De regreso a casa

    cuelgo a mi personaje

    en el perchero

    y le doy un beso

                                                                               a Dulce

    que me pregunta

    “¿Vamos a dar la vuelta

    al río?”

    y le respondo

    que claro que sí

    y ella me dice

    “Espera un momento

    que me preparo”,

    y ya preparados

    nos cogemos de la mano

    y cogidos de la mano

    salimos de la calle

    cogidos de la mano

    bajamos hasta el

                                                                               Sena

    por la 

                                                                               Avenue Marceau

    para darle la vuelta

    desde el

                                                                               Pont d’Alma

    no sin antes mirar de reojo

    a los admiradores

    de Lady Di

    que se aglomeran

    en torno a la llama

    de la Estatua

                                                                               de la Libertad

    que alguna vez

    me pregunto

    en qué almas

    en qué tiempos

    se enciende,

    cómo podemos mantenerla

                                                                               encendida.

             Ya en la orilla del

                                                                               Sena

    yo siempre prefiero

    por debilidad estética

    ir por la 

                                                                               rive droite

    para ver tras el

                                                                               Sena

    la

                                                                               Tour Effiel

    • iluminada por el Sol

    de día

    por sí misma

                                                                               de noche,

    a cada hora

    en punto

    parpadeando

    destellos

    brillantes

    intermitentes

    como si fuera ella

    la que nos retrata

    con flash –

    Dulce sin embargo

    cruzar el

                                                                               Sena

    por el

                                                                               Pont d’Alma

    e ir por la

                                                                               rive gauche

    para evitar

    la interminable sucesión

    de quienes pasean

    para eternizarse

    con el

                                                                               Sena

    y la 

                                                                               Tour Effiel

    al fondo,

    tal vez antes

    o después

    de comprar un candado

    que para siempre

    encierre su amor

    contemplando el

                                                                               Sena

    y la

                                                                               Tour Effiel

    en la

                                                                               Passerelle Debilly.

    Y así, unos días vamos

    por una orilla

    y otros por la otra

    hasta llegar a la

                                                                               Passerelle Debilly

    que nos gusta cruzar

    y parar un rato

    para contemplar

    entre pareja y pareja

    entre candado y candado

    la

                                                                               Tour Effiel,

    y algunas veces volvemos

    por la otra orilla

    hasta el

                                                                               Pont d’Alma

    otras cruzamos por la

                                                                               Avenue de New York

    y atravesamos

    la explanada

    bajo el

                                                                               Palais de Tokio

    y el 

                                                                               Musée d’Art Moderne,

    subimos las escalinatas

    y llegamos a la

                                                                               Avenue Wilson,

    y de ahí a casa subiendo

                                                                               Avenue Marceau.

    A veces, cuando llega

    el buen tiempo,

    nos gusta parar un rato

    en los jardines del

                                                                               Palais Galliera,

    y sentarnos en un banco

    a hablar de nuestras cosas

    de la vida que pasa

    y de lo que nos pasa

    mientras en el fondo contemplamos

    a las aspirantes a modelo

    que en pose se fotografían

    en las escalinatas

    o entre las columnas y estatuas

    del que al fin y al cabo es el

                                                                               Museo de la Moda,

    y nadie hasta ahora ha ido

    mientras estamos ahí

    a por uno de los libros

    ofrecidos a quien pase

    en un rincón del jardín.

             A veces seguimos,

    desde la calzada

    o bajando al muelle

    junto a la orilla,

    donde están amarrados 

    los barcos,

    a lo largo del

                                                                               Sena

    más allá de la

                                                                               Passerelle Debilly

    hacia

                                                                               Trocadero

    y el

                                                                               Pont d’Iéna

    para contemplar

    frente a frente

    a la 

                                                                               Tour Effiel

    y al fondo el

                                                                               Campo de Marte.

    Otras, al llegar al

                                                                               Pont d’Alma

    decidimos

    ir hacia la izquierda

    río arriba

    hacia el

                                                                               Pont des Invalides

    o el

                                                                               Pont d’Alexandre III

    para contemplar

                                                                               la belleza

    de las estatuas

    negras

    que a lo largo de éste

    contemplan el

                                                                               Sena

    y sostienen

    antiguas lámparas

                                                                               la belleza

    de las estatuas

    doradas

    que desde los pilares

    a la entrada y salida

    contemplan

                                                                               el cielo

    mientras hacia allí avanzamos

    al fondo

                                                                               el Grand Palais

    que cuando se ilumina

    de noche parece

    la radiografía de los pulmones

    de un gigante que duerme

    encantado

    y sueña los sueños

    de

                                                                               París.

             Y así, entre esa vuelta al

                                                                               Sena

    con distintas variantes

    entre el

                                                                               Pont d’Iéna

    y el

                                                                               Pont d’Alexandre III

    ha ido transcurriendo

    este tiempo en

                                                                               París.

    Pudiera parecer

    que es siempre

                                                                               lo mismo

    que no pasa

                                                                               nada

    al dar siempre

    la misma vuelta;

    pero no es así:

    no son

                                                                               nunca

                                                                               las mismas

    las vueltas

    que damos

    al

                                                                               Sena,

    como no es

                                                                               nunca

                                                                               la misma

    el agua

    que pasa

    por él.

    No, no es

                                                                               nunca

                                                                               la misma,

    pues en

                                                                               cada una

    vemos

    sentimos

    vivimos

                                          cosas

                                          experiencias

                                          vivencias

                                                                               distintas.

    Y así, me gusta fijarme,

    cuando al llegar

    al

                                                                               Pont d’Alma

    vamos por la

                                                                               rive droite

    hacia la

                                                                               Passarelle Debilly,

    en los nombres

    de los barcos amarrados

    en ésta

    mientras al fondo contemplo la

                                                                               Tour Effiel,

    • LACRIMA CHRISTI

    L. DE ZOON

    STADT AALST

    (siempre me pregunto

    por qué

    esos nombres

    del Norte o de fuera)

    NEW BRUNSWICK –

    y me pregunto

    cómo debe ser

                                                                               París

    y la vida

    en un barco

    qué leen

    qué cenan

    qué hacen

    cuando por la noche

    encendida se vislumbra

                                                                               la luz

    de su camarote.

    Y más adelante,

    entre la

                                                                               Passarelle Debilly

    y el 

                                                                               Pont d’Iéna

    qué cruceros

    qué banquetes

    qué fiestas

    han vivido y vivirán

    los barcos

    • DON JUAN II

    LE CHANSONNIER

    DAUPHIN

    LE PARIS

    LE SIGNAC

    HÉMERA,

    nombres más meridionales,

    como más mimetizados –

    a su muelle amarrados,

    y, de vuelta

    del otro lado del

                                                                                         Sena

    no puedo dejar de pararme

    ante el Mémorial

    de la guerre d’Algérie

    et des combats

    du Maroc et de la Tunisie

    1952-1962

    y leer un rato

    los nombres

    de los caídos que ascienden

    • …Albert Pons Anich Said Gérard Fourier…-

    por las columnas

    azul blanca y roja

    mientras me pregunto

    cómo fueron sus vidas

    quién se acordará de ellos,

    y no puedo dejar de decirme

    que es curioso que precisamente esté

    en la 

                                                                               Esplanade Ben Gurion

    al girar para cruzar del nuevo el

                                                                               Sena

    por la

                                                                               Passarelle Debilly.

    Mas no son

    sólo ni principalmente

    sus orillas

    lo que del 

                                                                               Sena

    atrae mi atención,

    sino

                                                                               sus aguas

    y lo que pasa

    por ellas

    lo que pasa

    en ellas:

    los bateaux-mouche

    iluminados por la noche

    por mil teléfonos móviles

    que fotografían la

                                                                               Tour Effiel

    mientras en mil idiomas

    les habla el megáfono,

    los barcos-crucero

    a su paso por

                                                                               París

    en la ruta del 

                                                                               Sena,

    los bateaux-réstaurant

    con sus parejas

    que al brindar se dicen

    palabras de amor

    sobre las aguas del

                                                                               Sena,

    los barcos-carguero

    que descargan las mercancías

    con las que se aprovisiona

                                                                               París

    y los que lo atraviesan

    hasta la desembocadura

    del 

                                                                               Sena

    los pequeños barcos

    de recreo alquilados

    para ver

                                                                               París

    desde el

                                                                               Sena

    los patitos recién nacidos

    que entre el muelle

    y los barcos amarrados

    siguen a su madre

    en primavera…

    Extraordinarios

    son los seres

    extraordinaria 

    la vida

    que por el

                                                                               Sena

    navega

    por el

                                                                               Sena

    pasa

    cuando por

                                                                               París

    pasa. 

             Extraordinarios, sí,

    cada día,

    y extraordinariamente

    extraordinarios

    los días previos

    a la inauguración olímpica

    cuando por seguridad

    sólo se podía acceder

    a las orillas del

                                                                               Sena

    con un pase especial

    de residente

    y desde el silencio

    de las multitudes ausentes

    escuchábamos el susurro

    de las aguas

    del

                                                                               Sena

    hasta que de repente

    como en un sueño

    o una película

    de Fellini

    comienzan a desfilar

    por el

                                                                               Sena

    vacío

                                                                               los barcos

    vacíos

    de las delegaciones olímpicas

    lideradas por quienes

    tras el letrero agitando la bandera

    • recuerdo entre otras

    por haber estado

    allí destinado

    las de Guatemala

    o Andorra –

    encabezan a atletas

                                                                               ausentes

    ante el público

                                                                               ausente

    mientras allá

    al llegar al

                                                                               Pont d’Iéna

    marca el reloj

    la cuenta atrás

    del tiempo

    que queda

    para el desfile inaugural

    que ahora ensayan

    sin saber

    que será

    pasado por agua

    mientras agitamos la mano

    para que vean

    que al menos alguien

    les corresponde el saludo.

             Y en fin a veces,

    cuando volvemos

    por la explanada

    del

                                                                               Palais de Tokio,

    al pararme a contemplar

    los bajorrelieves

    de Alfred Janniot

    modernidad de lo clásico

    de mitos antiguos

    me pregunto por los afanes

    de Eros, Thalia, Melpomene,

    Clio, Calliope y otras figuras

    nombradas entre caballos,

    centauros y toros;

    y al subir

    sobre la inscripción

    “Aux volontaires

    des Forces Françaises Libres

    morts

    pour l’honneur

    et la liberté

    de la France

    18 Juin 1940

    8 Mai 1945 »

    lanza en una mano

    sobre la frente la otra

    sobre la mirada

    en el horizonte

    al leer la inscripción

    de la estatua

    La France

    de Antoine Bourdelle

    “Mère

    voici vos fils

    qui se sont

    tant battus»,

    me pregunto

    cuántas vidas

    han engendrado

    a esta madre

    qué sangre

    corre por las venas

    de este bronce.

     

             Empiezan verdaderamente

    los días

    cuando damos la vuelta

    al

                                                                               Sena;

    mas no acaban,

    sino siguen:

    en reuniones

    en la

                                                                               OCDE

    o redactando informes

    asistiendo a recepciones

    y otros gajes

    del oficio,

    los ratos en casa compartidos

    o escribiendo o leyendo,

    saliendo al teatro o a la ópera

    o a cenar

    y tantos otros momentos

    en que se nos pasan

    los días

    en la cotidianidad

    de

                                                                               París

    en la extraordinariedad

    de

                                                                               París.

    Pues extraordinario

    ha sido

    lo que en los fines de semana

    o en el tiempo

    que mi personaje

    ha dejado

    a mi persona

    hemos podido

    visitar

    conocer

    ver

    vivir

    en

                                                                               París,

    al que de alguna manera también

    hemos dado la vuelta.

             Y así, si uniéramos

    en un solo paseo

    los momentos y lugares

    visitados y vividos

    este tiempo en

                                                                               París,

    saliendo de casa y continuando

    por la

                                                                                rive droite

    podríamos subir hasta el

                                                                               Arc de Triomf

    y subir el

                                                                               Arc de Triomf

    entre batallas y héroes

    y desde lo alto contemplar

    al Norte y al Sur

    al Este y al Oeste

    en el horizonte

                                                                               París

    ciudad de avenidas y perspectivas

    de vistas

    desde las que se ven

    otras vistas

    y más allá

    visitar en el

                                                                               Bois de Boulogne

    la exposición de Mark Rothko

    en la

                                                                               Fondation Louis Vuitton

    tras dar la vuelta

    a su lago

    o ir más allá

    hasta

                                                                               Saint-Cloud

    para asistir en Navidad

    al spectacle de son et lumiére

    o de vuelta

    saliendo del

                                                                               Château de la Muette

    parar a ver los nenúfares

    en el Musée

                                                                               Marmotin-Monet

    antes de visitar Asia

    en el

                                                                               Guimet,

    o en sentido contrario

    bajar los

                                                                               Champs Elysées

    y parar en

                                                                               La Concorde

    a visitar el

                                                                               Hôtel de la Marine

    antes que los nenúfares de

                                                                               Monet

    en el

                                                                               Jeu de Paume

    y perdernos o ganarnos

    la eternidad y la vida

    en el

                                                                               Louvre

    y llegar bajo los pórticos

    de la

                                                                               Rue Rivoli

    hasta la

                                                                               Mairie de Paris

    o desviarnos más arriba

    por el

                                                                               Cernuschi

    o la exposición de la Galleria Borghese

    en el

                                                                               Jaquemart-André

    y en 

                                                                               La Bastille

    ver al ángel exterminador

    de Buñuel

    hecho ópera

    o subir hasta

                                                                               Montmartre

    y perderse

    por sus calles

    o sus viñas

    entrar en el

                                                                               Sacre-Coeur

    y contemplar

                                                                               París

    desde él

    cenar en el

                                                                               Moulin de la Galette

    y terminar la noche

    de cabaret coreando

    la chanson

    y la nostalgia

    en

                                                                               Le lapin agile.

             Si en cambio

    cruzáramos el

                                                                               Sena

    y continuáramos por la

                                                                               rive gauche,

    bien podríamos

    comenzar parando

    a disfrutar de los jardines del

                                                                               Musée du Quai Branly

    o entrar a pasearnos

    por las artes y las culturas

                                                                               del mundo

    o ver la exposición

                                                                               Au fil de l’or

    o la del vudú en

                                                                               Haití

    o la de los dioses

    del Templo Mayor en

                                                                               México

    o la del

                                                                               kimono

    o la de

                                                                               Taro Okamoto

    mientras nos decimos

    que verdaderamente nunca

    acaba la diversidad

    y la curiosidad

    humana,

    y de ahí seguir

    por la orilla del

                                                                               Sena

    hacia la

                                                                               Tour Effiel

    y el

                                                                               Campo de Marte,

    o al contrario hacia

                                                                               Les Invalides

                                                                               le Quai d’Orsay

    visitar en el

                                                                               Musée d’Orsay

    la exposición

                                                                               Paris 1874

    Inventer l’mpressionisme,

    cuando todo empezó,

    o perdernos

    en las colecciones permanentes

    que dejó tras de sí,

    y seguir en el

                                                                               Institut de France

    y el 

                                                                               Quartier Latin,

    o coger el sesenta y tres

    o simplemente caminando

    dirigirnos hacia

                                                                               Montparnasse

    ver una obra de bolsillo

    en el

                                                                               Théatre de Poche

    parar a tomar

    un café en

                                                                               Les Deux Magots

    entrar a ver libros en

                                                                               L’écume des pages

    o acercarnos a la galería de

                                                                               Dina Vierny

    a la inauguración de la exposición de

                                                                               Maillol

    que comisarió

                                                                               Àlex Susanna

    • la última

    antes de dejarnos,

    la última vez

    que os visteis –

    que se te hace presente

    o ir en Junio al

                                                                               Marché de la Poésie

    en la

                                                                               Place de Saint-Sulpice

    este año

    como autor con mis

                                                                               Stylites d’Andorre

    y más allá en el

                                                                               Quartier Latin

    visitar

                                                                               La Sorbonne

    o el

                                                                               Collège de France

    o a Voltaire y a Rousseau

    y los demás inmortales de

                                                                               Francia

    en el

                                                                               Panthéon

    y terminar el día

    sintiendo cómo se apaga

                                                                               el Sol

    y oscurecen los colores

    de las vidrieras

    de la

                                                                               Sainte-Chapelle

    mientras con instrumentos antiguos

    interpretan los músicos

    a Marin Marais

    y congelar el tiempo

    en la eternidad

    del instante.

     

             Islas del

                                                                               Sena,

    corazón de

                                                                               de París

    por el que circula toda

                                                                               su sangre.

    Tiempo distinto

    de

                                                                               París

    en

                                                                               París

    el que recorremos la

                                                                               Île Saint-Louis

    y nos fijamos

    en los escaparates

    en las ventanas

    en el

                                                                               Sena

    al fondo de la calle

    mientras sentimos

                                                                               la nostalgia

    de cuando éramos jóvenes

    y al llegar de nuevo a

                                                                               París

    nos escapábamos

    a pasear a la

                                                                               île Saint-Louis

    y sonaba en nosotros

    la canción de

                                                                               Moustaki,

                                                                               la nostalgia

    que sentiremos

    un día

    de este paseo

    por la

                                                                               Île Saint-Louis.

    Y siguiendo el curso del

                                                                               Sena

    cruzamos el puente

    y pasamos a la

                                                                               Île de la Cité,

    y por fuera

    y por dentro

    admiramos

    una vez más

                                                                               Nôtre Dame de Paris

    y en

                                                                               La Conciergerie

    con María Antonieta esperamos

    a que vengan a llevarla

    a la guillotina

    en la

                                                                               Place la Révolution

    antes

                                                                               Place Louis XV

    y hoy

                                                                               Place de La Concorde,

    esa concordia

    que tanto necesitamos.

    Y siguiendo el curso del

                                                                               Sena

    llegamos a la

                                                                               Île des Cygnes,

    de cisnes

    ausente.

    Nos saluda en su extremo

    la réplica de la

                                                                               estatua de La Libertad

    de Bartholdy

    y se nos eterniza

    su imagen

    con la

                                                                               Tour Effiel

    al fondo.

    Accedemos a ella por el

                                                                               Pont de Grenelle

    y avanzamos por la

                                                                               Allée des Cygnes

    hasta el otro extremo

    que atraviesa el

                                                                               Pont de Bir-Hakeim.

    En su punta

    hacemos una foto

    a la estatua del caballero

    que con su espada señala la

                                                                               Tour Effiel

    y cruzamos el

                                                                               Sena

    para volver a casa.

     

             Tiempo de

                                                                               París

    teatros de

                                                                               París

    museos de

                                                                               París

    cafés de

                                                                               París

    vida en

                                                                               París.

     

     

     

     


     

    III.- AGUAS DEL SENA

     

     

             Tiempo de

                                                                               París,

    aguas del

                                                                               Sena,

    que respiran

                                                                               nuestros pulmones,

    que recorren

                                                                               nuestras venas.

     

             Aguas del

                                                                               Sena,

    lágrimas de los

                                                                               ángeles

    lluvia de los

                                                                               sueños,

    aguas por las que fluyen

                                                                               las almas

    en las que habita

                                                                               París.

     

             Aguas de las casas de

                                                                               París

    aguas del

                                                                               Sena,

    sangre de

                                                                               París

    que late

    nuestro

                                                                               corazón.

     

             Nutre

    el agua

    de

                                                                               París

                                                                               los cuerpos

    de sus habitantes.

    Nutre

    su sangre

                                                                               el alma

    de

                                                                               París.

    Laten

                                                                               sus corazones

    al unísono.

    Resuena

    en el alma

    de

                                                                               París

    el alma

    de

                                                                               sus habitantes.

    Resuena

    en el alma

    de

                                                                               sus habitantes

    el alma

    de

                                                                               París.

    Se extiende

    su eco

    en

                                                                               el infinito.

    La vida

                                          engrendra

                                                                               la vida:

    nunca 

                                          habrá

                                                                               fin

    nunca 

                                          morirá

                                                                               París.

    Se hace

                                                                               agua

    la sangre.

    Se hace

                                                                               sangre

    el agua.

    Fluye

                                                                               el Sena.

    Fluye

                                                                               la vida.

    Laten

                                                                               amor

    sus corazones.

             Corre

    por nuestras venas

                                                                               el agua

    de

                                                                               París.

    Corre

    por las venas

    de

                                                                               París

                                                                               nuestra sangre.

    Cuando bebemos el

                                                                               agua

    del

                                                                               Sena

    la transformamos en

                                                                               sangre.

     

             No está

    el Sena

    en el Sena:

    está

    en

                                                                               París.

    No está

    París

    en París:

    está en

                                                                               el Sena.

    Está

                                                                      el Sena

    en el agua

                                                                               en su cauce.

    Está

                                                                               el Sena

    en el vapor

                                                                               en el aire.

    Es el

                                                                               cielo

    de

                                                                               París

    el

                                                                               Sena

                                                                               evaporado.

    Se respira

    en 

                                                                               París

    el

                                                                               vapor

    de

                                                                               las almas

    de quienes

    no están

    en

                                                                               París,

    pero están

    en

                                                                               París,

    en quienes

                                                                               París

    está.

    Todos están

    nosotros estamos

    en

                                                                               París.

                                                                               París

    está en

                                                                               nosotros.

                                                                               París

    está fuera de

                                                                               nosotros.

                                                                               París

    está dentro de 

                                                                               nosotros.

     

             Venimos a

                                                                               París

    para que se nos meta

                                                                               dentro

    y alma adentro

    viva en el

                                                                               siempre.


     

    IV.- UBICACIÓN DE PARÍS

     

     

             No está

                                                                               París

    sólo

    en sus calles

    sus bulevares

    sus avenidas

    sus museos

    sus puentes

    sobre el

                                                                               Sena.

             No está

                                                                               París

    sólo

    en la superficie,

    sino también en el subsuelo

    también en el cielo.

    Pues recorren y habitan

    bajo el suelo de

                                                                               París

    los égouts de

                                                                               París

    por los que

    desde cada casa

    a cada casa

    fluye el agua

                                                                               del Sena

    hasta el mar

    fluye la sangre

    hasta el corazón de

                                                                               París.

    el metro de

                                                                               París

    y el RER de

                                                                               París

    por el que viajan

    somnolientos soñantes

    sus habitantes,

    las catacumbas de

                                                                               París

    y la tierra

    que seremos,

    los corredores subterráneos

    de la Resistencia,

    cinco millones

    de ratas

    e infinitos seres,

    como recorren el Sena

    por dentro

    los peces

    las algas

    las almas.

    Y se evaporan

    en las nubes de

                                                                               París

    los sueños

    de sus habitantes

    cuando están

    en las nubes

    cuando viven

    los sueños

    y

                                                                               París

    es el cielo.

     

             Está

                                                                               París

    en

                                                                               el mundo.

    Está

                                                                               el mundo

    en

                                                                               París.

    Es

                                                                               París

    un

                                                                               imán

    que

                                                                               todo

    lo atrae,

    que a

                                                                               todos

    atrae,

    nos atrae

    y nos transforma

    en seres

    que recorremos

                                                                               el mundo

    con

                                                                               París

                                                                               adentro.

     

             Ni es ahora

    en

                                                                               París

    ahora,

    como no somos

    hoy

    sólo el que somos

    hoy,

    sino también y al tiempo

    todos los yo

    que hemos sido

    en el caminar

    de la vida.

    Habitan en él

    los ciudadanos

    de la Lutecia romana,

    los constructores

    de Nôtre Dame,

    los cortesanos

    del Louvre,

    las guillotinas

    en la Place de la Révolution,

    los que desfilan

    bajo el Arc de Triomf,

    la Libertad

    guiando al pueblo

    y las barricadas

    de la Comuna,

    los sueños

    de Hausmann

    y los visitantes

    de las exposiciones universales,

    la torre

    de Eiffel

    y la fiesta

    de Hemingway,

    el tiempo perdido

    de Proust

    y la náusea

    de Sartre,

    los inmortales

    del Panteón

    y los de la Académie Française,

    los que inauguraron

    el Centre Pompidou

    y los que inauguraron

    el Musée du Quai Branly,

    los atletas de las Olimpiadas

    de mil novecientos veinticuatro

    y los atletas de las Olimpiadas

    de dos mil veinticuatro,

    y el

                                                                               París

    que será

    y los

                                                                               París

    que serán.

             ¿Qué

                                                                               París

    queremos que en

                                                                               nosotros

    crezca?.

    ¿Cómo queremos

    que madure

                                                                               el alma?.

    ¿De qué seremos

    vestigio o

                                                                               semilla?.

    ¿Qué dirán de

                                                                               nosotros

    en el cuarto milenio

    de nuestra era,

    en otra era tal vez,

    en el Museo del

                                                                               Louvre,

    en la sala

    que nos dediquen en el

                                                                               Carnavalet?.

             No hay pasado,

    ni hay futuro;

    sino el presente

    del pasado,

    o la memoria,

    y el presente

    del futuro,

    o la esperanza,

    y entre ellos transcurre

    se hace presente

                                                                               la vida.

             ¿Dónde está

                                          el tiempo

                                                                               del siempre?.

    ¿Dónde está

                                          el tiempo

                                                                               del alma?.

    ¿Qué relojes lo miden?.

     

             No habita

                                                                               París

    en el

                                                                               tiempo;

    sino en la

                                                                               eternidad.


     

    V.- ALMA DE PARÍS

     

     

             Sueños de

                                                                               París

    que alimentan

    el alma de

                                                                               París.

    Sueños de

                                                                               París

    que en

                                                                               París

    respiramos

    que engendran el

                                                                               París

    que nos habita en el

                                                                               alma,

    y lo iluminan.

    Sueños de

                                                                               París

    que sueñan

    La Gioconda

    la Victoria de Samotracia

    el escriba sentado

    los esclavos de Miguel Ángel

    el Napoleón que se corona

    en el cuadro de David

    y Josefina arrodillada

    el hermafrodito durmiente

    la Venus de Milo

    las cariátides

    los navegantes de la balsa

    de Medusa

    Psique reanimada por el beso

    del Amor

    y los demás seres

    que habitan de día

                                                                               el Museo del Louvre

    y salen de noche

    de sus estatuas

    de sus cuadros

    para vivir

    la vida en la noche de

                                                                               París

    para vivir para siempre

    en los sueños

    que en

                                                                               París

    se sueñan

    o para encontrarse

    con sus amigos impresionistas

    del

                                                                               Musée d’Orsay

    seguir conversando

    sobre el

                                                                               por qué

    de los

                                                                               por qué

    y sobre todo sobre los

                                                                               para qué

    con el pensador

    de Rodin

    o acercarse al

                                                                               Bois de Boulogne

    a conocer

    a las criaturas de Tom Wesselman

    y sus amigos

    que están de visita

    en la

                                                                               Fondation Louis Vuitton,

    y al final

    todos juntos

    terminar su periplo

    escalando

                                                                               la Tour Effiel

    y ascender

    por los

                                                                               cielos de París

    hasta transformarse en

                                                                               estrellas

    de su

                                                                               firmamento

    iluminar el

                                                                               el alma

    del

                                                                               Universo.

     

             Alimenta el alma

                                                                               universal

    el alma de

                                                                               París.

    Alimenta el alma de

                                                                               París

    el alma

                                                                               universal.

             Alimenta el alma de

                                                                               Francia

    el alma de

                                                                               París.

    Alimenta el alma de

                                                                               París

    el alma de 

                                                                               Francia.

             Se disfraza el alma de

                                                                               París

    de alma

                                                                               universal.

    Se disfraza el alma

                                                                               universal

    de alma de

                                                                               París.

             Alimenta el anhelo de

                                                                               París

    nuestra alma.

    Alimenta nuestra alma

    el alma de

                                                                               París.

    Alimenta nuestra alma

    el alma

                                                                               universal.

    Alimenta el alma de

                                                                               París

    nuestra alma.

    Alimenta el alma

                                                                               universal

    nuestra alma.

    De una en otra

    se contemplan en el

                                                                               espejo

    resuenan

    reverberan

    se besan

    se unen

                                                                               SON

    se enraízan

    unas en otras.

     

             Está

                                                                               París

    enraizado en

                                                                               mi alma.

    Está

                                                                               mi alma

    enraizada en

                                                                               París.

    Está

                                                                               París

    enraízado en

                                                                               el mundo.

    Está

                                                                               París

    enraízado en

                                                                               mi mundo.

    Está

                                                                               mi mundo

    enraízado en

                                                                               París.

             Es la nuestra

                                          un alma

                                                                               enraizada.

    Se hunden

                                          sus raíces

                                                                               en las ciudades

    que amamos

                                                                               en las ciudades

    en que amamos.

    Se hunden

                                          sus raíces

                                                                               en el mundo

    que nos habita

    por dentro

    y alumbra nuestra

                                                                               geografía poética.

    Se hunden

                                          sus ramas

                                                                               en el cielo

    y con las ramas

                                          de otras almas

                                                                               en el cielo

    se encuentran

                                                                               en el cielo

    se enlazan

                                                                               en el cielo

    se funden

                                                                               en el alma

    que somos

                                                                               en el alma

    en que somos,

    y la iluminamos,

    y le damos

                                                                               VIDA,

    y nos da

                                                                               VIDA.

             La vida

                                          engendra

                                                                               la vida.

    Nunca

                                          habrá

                                                                               fin.

     

             Habitan el subsuelo de

                                                                               París

    millones de

                                                                               ratas.

             Habitan la superficie de

                                                                               París

    millones de

                                                                               personas.

             Habitan el cielo de

                                                                               París

    infinitas almas.

             Habitan el cielo de

                                                                               París

                                                                               las almas

    de los romanos

    que fundaron Lutecia

    de los galos

    que en Lutecia habitaron

    de Carlomagno

    y de los reyes de Francia

    de Voltaire y de Madame de Stael

    de Víctor Hugo y de Balzac

    de Proust y del Barón de Charlus

    de Coco Channel y de Joséphine Baker

    de Tolouse-Lautrec

    y de las bailarinas

    del Moulin Rouge

    y los cantantes

    du Lapin agile

    de Suzanne Valadon

    y de Tarsila do Amaral

    de Joyce y de Hemingway

    de aquellos cuyos cráneos

    pueblan las catacumbas

    de los revolucionarios

    de 1789

    de los de 1830

    y los de 1848

    y los de 1870

    y los de Mayo del sesenta y ocho

    y las de todos aquellos

    cuyos nombres podríamos

    seguir escribiendo

    o hacer presentes

    hasta el fin

    de los tiempos.

     

             Habita el cielo de

                                                                               París

    nuestra alma.

    Habita

                                                                               París

    nuestra alma.

             No está

                                                                               París

    en

                                                                               París:

    está en

                                                                               nosotros.

             No somos ya los mismos

    cuando

                                                                               París

    nos habita por dentro

    y a veces nos clava

                                                                               la Tour Effiel

    en el corazón

    la aguja de la nostalgia.

             No somos ya los mismos

    cuando el agua del

                                                                               Sena

    fluye por 

                                                                               nuestras venas

    cuando

                                                                               nuestra sangre

    fluye por el cauce del

                                                                               Sena.

             No nos vamos de

                                                                               París

    cuando fluye por nuestras venas

    el agua del

                                                                               Sena;

    pues habita

    sus cielos

    el vapor de

                                                                               nuestra alma,

    y en su nube viaja

    por

                                                                               París

    para siempre

                                          siempre

                                                                               nuestra alma.

     

             No nos vamos de

                                                                               París:

    se nos mete 

                                                                               dentro,

    con nosotros

                                          va

                                                                               doquiera que vamos.


     

     


     

    VI.- LLAVE DE PARÍS

     

     

             Este

                                                                               poema

    no es un

                                                                               poema:

    es una

                                                                               LLAVE

    que abre la compuerta

    por la que en nuestras

                                                                               venas

    entra el agua del

                                                                               Sena.

             Late nuestro corazón

                                                                               París

    late el corazón de

                                                                               París

    nuestro corazón

    el fluir de la

                                                                               vida

    y del tiempo.

             La vida

                                          engendra

                                                                               la vida.

    Nunca

                                          habrá

                                                                               fin

    nunca

                                          nos

                                                                               vamos

    siempre

                                          estamos en

                                                                               París

    cuando

                                                                               París

    está en

                                                                                nosotros.

                                                                               París

    está en

                                                                               París

                                                                               París

    es

                                                                               París

    cuando es

    cuando está en

                                                                               nosotros.

     

             Lee este

                                                                               poema

    mira bien esta

                                                                               LLAVE

    y métela en la cerradura:

    al leerlo

    al girarla

    se transforma el

                                                                               ahora

    en el

                                                                               siempre

    se abre

                                                                               la puerta

    tras la que están

                                                                               las escaleras

    que

                                                                               alma adentro

    bajan a donde

                                          vive

                                                                               París

    bajan a donde

                                          vives siempre en

                                                                               París.

     

             Este poema

                                          no es un

                                                                               poema:

    es una

                                                                               LLAVE.

    Llévala

                                          siempre

                                                                               contigo.

    Con ella estás

                                          siempre

                                                                               en París.

    Con ella

                                                                               París

    está

                                          siempre

                                                                               en ti.

     

             Tiempo de

                                                                               París,

    siempre de

                                                                               París.

             Aguas del

                                                                               Sena,

    sangre de

                                                                               nuestras venas.

             Tiempo de

                                                                               París,

    aguas del

                                                                               Sena,

    que respiran

                                                                               nuestros pulmones,

    que recorren

                                                                               nuestras venas.

     

    Manuel Montobbio

    París,

    lunas

    de París

    en el tiempo

    tiempo

    de París

    en las lunas

    del verano y el otoño

    de dos mil veinticinco

    y de siempre.