PARÍS
Una aproximación poética
Hay ciudades en que transcurre un tiempo, una etapa de nuestra vida; y las hay en que, también y al tiempo, hay a través de nuestra vida un tiempo de ellas. Como si, tras la emoción de cada estancia, no fuera la partida un STOP, sino un PAUSE a la espera de un nuevo PLAY en el que fluya el tiempo y la vida. Y nos preguntamos con nostalgia anticipada si llegará tal vez un día en que comenzará el tiempo distinto de la cotidianidad de la vida en esa ciudad. Ha querido el destino de mi vida diplomática itinerante que tras el de Estrasburgo ante el Consejo de Europa haya venido el de París ante la OCDE, tras el tiempo de sus cisnes el presente de un presente, un tiempo en París. Tiempo en París de la cotidianidad de nuestras vueltas al Sena que Dulce y yo hemos dado en nuestro paseo vespertino, cuyo procesamiento poético ante la perspectiva de partir a un nuevo destino en Helsinki ha dado lugar a este París en el que se ha vertido el agua desde el principio y el siempre estancada, lo vivido y lo reflexionado y lo del alma vislumbrado o descubierto, vapor de la música apresado en una sinfonía en seis movimientos.
Si el primero, Tiempo de París, capta éste como tiempo de la vida que pasa y nos pasa de PLAY en PLAY, y al tiempo el tiempo de París en mí, su presencia referencial en mi tiempo interior a través de los libros y las obras que en París transcurren, que París inspira y que han esculpido mi alma; constituye el segundo, Tiempo de París, el eje central de la obra, procesamiento poético de la experiencia que la motiva y la sostiene, recreada (o creada) a partir de la vuelta al Sena que, de regreso a casa en Avenue Marceau, salimos a dar cada tarde Dulce y yo, cuando verdaderamente empieza el tiempo y la vida en París. Y se alumbra a partir de ella y las reflexiones y observaciones que suscita cotidianamente, del descubrimiento y recorrido por la rive droite, por la rive gauche y por las islas del Sena un París poético, una vida en París. Es el agua la fuente de la vida, y de ella estamos hechos, y son las Aguas del Sena – que respiran / nuestros pulmones / que recorren / nuestras venas -, a las que se dedica el tercer movimiento, la sangre de París, las que nutren el corazón de París y las que sus habitantes, al beberla, transformamos en sangre. Sangre que nutre el alma de París, que se refleja en el alma de sus habitantes, como la de París en la de éstos, y fluye así como las aguas del Sena sin fin el ciclo de la vida. –
La vida
engendra
la vida.
Nunca
habrá
fin
nunca
morirá
París. -
Pues no está el Sena el Sena: está en París; ni está París en París: está en el Sena evaporado, aire que respiramos. Se nos mete París alma adentro, y vive en el siempre. Nos plantea tras ello el cuarto movimiento la Ubicación de París. Pues no está París sólo en sus calles…; no está sólo en la superficie, sino también en el subsuelo que recorren los égouts, el metro y el RER, las catacumbas y cinco millones de ratas. También en el cielo en el cielo en el que se evaporan los sueños de sus habitantes, las almas de quienes en París han sido y serán, en quienes habita París. Pues está París en el mundo y está el mundo en París, y es París un imán que todo lo atrae, que a todos atrae; ni es ahora en París ahora, como no somos hoy sólo el que somos hoy, sino, también y al tiempo, todos los yo que hemos sido en el caminar de la vida, y habitan en él los ciudadanos de la Lutecia romana, y cuantos la han habitado tras ellos. Y nos preguntamos cómo queremos que París madure en el alma, de qué seremos vestigio o semilla, que dirán de nosotros, de nuestro tiempo, en el cuarto milenio en el Museo del Louvre, en la sala que nos dediquen en el Carnavalet. Pues no habita París en el tiempo; sino en la eternidad. Da paso así el quinto movimiento al Alma de París, que alimentan los sueños de París que en París respiramos y engendran el París que nos habita en el alma, y lo iluminan. Sueños que sueñan La Gioconda, la Victoria de Samotracia, el escriba sentado y los demás seres que habitan de día el Museo del Louvre, y salen de noche de sus estatuas, de sus cuadros, para la vida en la noche de París, para vivir para siempre los sueños que en París se sueñan, o para encontrarse con sus amigos impresionistas del Musée d’Orsay y con… y al final todos juntos terminar su periplo escalando la Tour Effiel y ascender por los cielos de parís hasta transformarse en estrellas de su firmamento, iluminar el alma del Universo. Pues es la nuestra y la de París un alma enraizada, y se retroalimentan y enraízan respectivamente nuestra alma individual, el alma de París – y la de Francia – y el alma universal; y se hunden sus ramas en el cielo, y con las ramas de otras almas en el cielo se encuentran, se funden en el alma que somos, y le damos vida, y nos da vida. Y así – con París en el alma, con el alma en París – no nos vamos de París: se nos mete dentro, y con nosotros va doquiera que vamos.
Concluye nuestro recorrido y la sinfonía en el sexto y último movimiento con Llave de París. Pues este poema no es un poema: es una llave que abre la compuerta por la que en nuestras venas entra el agua del Sena. Al girarla, se transforma el ahora en el siempre, se abre la puerta tras la que están las escaleras que alma adentro bajan a donde vive París, a donde vives siempre en París. Llévala siempre contigo: con ella está siempre en París, está París siempre en ti. No tienes más que girarla, no tienes más que leerlo. ¿A qué esperas?.
Manuel Montobbio
Helsinki,
Luna
inspirada por París

PARÍS
A aquellos
cuyas almas
dan vida a
París.
A aquellos
en cuyas almas
vive
París.
A las aguas
del
Sena,
sangre
de nuestras
venas.
A Dulce,
y a nuestras vueltas
al
Sena.
A Clara
a Joan
y a Violeta,
al tiempo
en París
compartido,
al tiempo
de París
en sus vidas.
Al tiempo
de
París
en la
vida.
PARÍS
I.- TIEMPO DE PARÍS
Tiempo de
París,
aguas del
Sena.
Tiempo de
París,
siempre fugaz,
siempre breve,
siempre insuficiente,
siempre añorado
por los turistas
y los visitantes
que en
París
fotografían
la eternidad
de los instantes.
Tiempo de
París
para mí nacido
en el tiempo
de la juventud
que buscaba
su argumento
verano del ochenta y uno
con la mochila
y la ilusión
a cuestas
aquellos días
en que, camino
de Inglaterra,
nos alojamos en una residencia
de la Ciudad Universitaria
asombro y emoción
tras la noche en el tren
de contrastar lo real
con lo imaginado,
de la primera vez
en la Tour Effiel
en Nôtre Dame
en el Arco de Triunfo
en los Campos Elíseos
o en el Louvre
tantos lugares
monumentos
museos
y experiencias
a ver
a vivir
en
París
que no acaba
nunca.
Tiempo de
París
continuado tras ésa
en tantas otras visitas
siempre
con la emoción
de estar de nuevo en
París
de apretar de nuevo
PLAY
a una película
que habíamos dejado en
PAUSE
en la que somos
guionista y actor
junto a
París:
en la Navidad
del ochenta y uno
para el Encuentro Ecuménico
de Taizé,
el verano del ochenta y dos
entre tren y tren
hacia descubrir Alemania
desde Dortmund
mientras hacía prácticas
en la Ruhrkohle AG,
el del ochenta y tres
antes de salir
en el tren hacia Berlín Oeste
que no paraba ya
hasta llegar a éste
tras atravesar
el telón de acero
mientras desde la ventana
del vagón se vislumbraba
otro mundo
otro tiempo,
Enero del ochenta y seis
desde Brujas
con algunos compañeros
españoles y portugueses
del Colegio de
Europa
celebrando que habíamos
entrado en
Europa
y que éramos jóvenes
y todo estaba
por escribir,
ya diplomático
en los últimos ochenta
para participar
en las reuniones
de cooperación al desarrollo
de la OCDE
con la misión y la inquietud
sobre los pasos
a dar por España
para ser miembro
de su Comité de Ayuda al Desarrollo
(y de paso quedarme
el fin de semana invitado
en la chambre de bonne
en que Emmanuel y Muriel
iniciaban su vida en común),
tantas otras visitas
desde entonces a lo largo
de estas décadas
a reuniones
en la OCDE
en la UNESCO
con Francia
o a conferencias diplomáticas
en
París,
más recientemente
en Enero
de dos mil quince
para presentar
en el Palacio del Elíseo
mis credenciales
como Embajador de
España
en
Andorra
al Presidente
François Hollande,
Copríncipe de
Andorra,
o después desde
Estrasburgo
para participar
como miembro por
España
en las reuniones
en su sede en
París
del Governing Board
del Banco de desarrollo
del Consejo de
Europa,
en Mayo
del noventa y cuatro
en mi primer viaje a
París
con
Dulce
iniciando nuestra
Luna
de miel
que seguiría en
Myanmar
antes de regresar a
Yakarta,
en los primeros dos mil
con nuestros hijos
Clara y Joan
para que conocieran el
París
del que tanto
oían hablar
en el Liceo Francés de
Madrid,
tantas otras veces
otras vivencias
que podría contar
tras estos puntos suspensivos…
Tiempo de
París,
collar de perlas
de eternidad
de los instantes,
de instantes
de eternidad,
hilo conductor
de la trayectoria
de mi
vida,
del camino de la
vida.
Tiempo de mi
vida
en
París,
y tiempo de
París
en mi
vida:
París
en la búsqueda
del tiempo perdido
de Proust
de la educación sentimental
de Flaubert
del amor de Violeta
en La Traviatta
cuando éramos pobres
pero felices
de Hemingway,
y
París
era una fiesta,
en tantas otras lecturas
tantas otras obras de arte
en que se nos hace presente
París
y nos habita
por dentro.
Tiempo de
París,
tiempo de mi
vida,
tiempo de la
vida.
Tiempo de
París,
cotidianidad de la
vida
en
París
fruto del destino
este tiempo
estos años destinado
ante la
OCDE
en
París,
tiempo de la
Tour Effiel
tras la ventana
de la oficina
tras la ventana
del salón de casa
en la
Avenue Marceau
de hablar
ante el micrófono
con el letrero de
España
en las salas de reuniones
de la sede de la
OCDE
en el
Château de la Muette.
¿De qué está hecho
el tiempo de
París?.
¿Cuánto dura
el tiempo de
París
en el alma?.
¿Cuánto dura
París
en el tiempo?.
Tiempo de
París,
París
en el tiempo.
Tiempo de la
vida,
vida en el
tiempo.

II.- TIEMPO EN PARÍS
No empieza
la vida
no empieza
el tiempo
no empieza
el día
en
París
cuando amanece,
ni cuando contemplas
al fondo de la ventana
la
Tour Effiel,
ni cuando empiezan
las rondas de negociación
de la
OCDE
en el
Château de la Muette;
sino cuando,
de regreso a casa,
salimos
Dulce y yo
a dar
nuestra vuelta
de cada día
por el
Sena.
(Pues nosotros, a pesar
de que nuestros hijos
siempre nos insisten
en que no se puede
dar la vuelta
a los ríos,
persistentemente
se la damos
cada día,
y en esa vuelta
vamos viviendo
la
VIDA.
Ya durante tres
destinos consecutivos
ha querido
el destino
que vivamos
cerca de un río
al que dar la vuelta
en nuestro paseo
de cada día,
y además
que de destino
en destino
sea mayor
su cauce
sea mayor
su edad,
como en nuestras vidas
que son los ríos
que van a dar a la mar…
Y así,
hemos pasado
de dar la vuelta
al frenesí
de las aguas
del
Valira
a su paso por
Andorra la Vella
antes de que confluyan
con las aguas del
Segre
que confluyen
con las aguas del
Ebro
que van a dar
a la mar,
a dar la vuelta
a su paso por
Estrasburgo
a las tranquilas aguas
del canal del
Ill
que surcan los cisnes
antes de que confluyan
con las aguas del
Rhin,
a dar la vuelta
a las transitadas aguas
del
Sena
que surcan
los bateaux-mouche
los cargueros
los cruceros
o los barcos
de las selecciones olímpicas
mientras en sus orillas
algunos hacen footing
y los turistas
fotografían
su amor y su alma
con el fondo de la
Tour Effiel
transitadas aguas
que hacia la mar avanzan
cuya desembocadura
tantas veces hemos visto
yendo a visitar
a nuestra hija
Violeta
a
Le Havre
donde ha estudiado
SciencesPo).
De regreso a casa
cuelgo a mi personaje
en el perchero
y le doy un beso
a Dulce
que me pregunta
“¿Vamos a dar la vuelta
al río?”
y le respondo
que claro que sí
y ella me dice
“Espera un momento
que me preparo”,
y ya preparados
nos cogemos de la mano
y cogidos de la mano
salimos de la calle
cogidos de la mano
bajamos hasta el
Sena
por la
Avenue Marceau
para darle la vuelta
desde el
Pont d’Alma
no sin antes mirar de reojo
a los admiradores
de Lady Di
que se aglomeran
en torno a la llama
de la Estatua
de la Libertad
que alguna vez
me pregunto
en qué almas
en qué tiempos
se enciende,
cómo podemos mantenerla
encendida.
Ya en la orilla del
Sena
yo siempre prefiero
por debilidad estética
ir por la
rive droite
para ver tras el
Sena
la
Tour Effiel
de día
por sí misma
de noche,
a cada hora
en punto
parpadeando
destellos
brillantes
intermitentes
como si fuera ella
la que nos retrata
con flash –
Dulce sin embargo
cruzar el
Sena
por el
Pont d’Alma
e ir por la
rive gauche
para evitar
la interminable sucesión
de quienes pasean
para eternizarse
con el
Sena
y la
Tour Effiel
al fondo,
tal vez antes
o después
de comprar un candado
que para siempre
encierre su amor
contemplando el
Sena
y la
Tour Effiel
en la
Passerelle Debilly.
Y así, unos días vamos
por una orilla
y otros por la otra
hasta llegar a la
Passerelle Debilly
que nos gusta cruzar
y parar un rato
para contemplar
entre pareja y pareja
entre candado y candado
la
Tour Effiel,
y algunas veces volvemos
por la otra orilla
hasta el
Pont d’Alma
otras cruzamos por la
Avenue de New York
y atravesamos
la explanada
bajo el
Palais de Tokio
y el
Musée d’Art Moderne,
subimos las escalinatas
y llegamos a la
Avenue Wilson,
y de ahí a casa subiendo
Avenue Marceau.
A veces, cuando llega
el buen tiempo,
nos gusta parar un rato
en los jardines del
Palais Galliera,
y sentarnos en un banco
a hablar de nuestras cosas
de la vida que pasa
y de lo que nos pasa
mientras en el fondo contemplamos
a las aspirantes a modelo
que en pose se fotografían
en las escalinatas
o entre las columnas y estatuas
del que al fin y al cabo es el
Museo de la Moda,
y nadie hasta ahora ha ido
mientras estamos ahí
a por uno de los libros
ofrecidos a quien pase
en un rincón del jardín.
A veces seguimos,
desde la calzada
o bajando al muelle
junto a la orilla,
donde están amarrados
los barcos,
a lo largo del
Sena
más allá de la
Passerelle Debilly
hacia
Trocadero
y el
Pont d’Iéna
para contemplar
frente a frente
a la
Tour Effiel
y al fondo el
Campo de Marte.
Otras, al llegar al
Pont d’Alma
decidimos
ir hacia la izquierda
río arriba
hacia el
Pont des Invalides
o el
Pont d’Alexandre III
para contemplar
la belleza
de las estatuas
negras
que a lo largo de éste
contemplan el
Sena
y sostienen
antiguas lámparas
la belleza
de las estatuas
doradas
que desde los pilares
a la entrada y salida
contemplan
el cielo
mientras hacia allí avanzamos
al fondo
el Grand Palais
que cuando se ilumina
de noche parece
la radiografía de los pulmones
de un gigante que duerme
encantado
y sueña los sueños
de
París.
Y así, entre esa vuelta al
Sena
con distintas variantes
entre el
Pont d’Iéna
y el
Pont d’Alexandre III
ha ido transcurriendo
este tiempo en
París.
Pudiera parecer
que es siempre
lo mismo
que no pasa
nada
al dar siempre
la misma vuelta;
pero no es así:
no son
nunca
las mismas
las vueltas
que damos
al
Sena,
como no es
nunca
la misma
el agua
que pasa
por él.
No, no es
nunca
la misma,
pues en
cada una
vemos
sentimos
vivimos
cosas
experiencias
vivencias
distintas.
Y así, me gusta fijarme,
cuando al llegar
al
Pont d’Alma
vamos por la
rive droite
hacia la
Passarelle Debilly,
en los nombres
de los barcos amarrados
en ésta
mientras al fondo contemplo la
Tour Effiel,
L. DE ZOON
STADT AALST
(siempre me pregunto
por qué
esos nombres
del Norte o de fuera)
NEW BRUNSWICK –
y me pregunto
cómo debe ser
París
y la vida
en un barco
qué leen
qué cenan
qué hacen
cuando por la noche
encendida se vislumbra
la luz
de su camarote.
Y más adelante,
entre la
Passarelle Debilly
y el
Pont d’Iéna
qué cruceros
qué banquetes
qué fiestas
han vivido y vivirán
los barcos
LE CHANSONNIER
DAUPHIN
LE PARIS
LE SIGNAC
HÉMERA,
nombres más meridionales,
como más mimetizados –
a su muelle amarrados,
y, de vuelta
del otro lado del
Sena
no puedo dejar de pararme
ante el Mémorial
de la guerre d’Algérie
et des combats
du Maroc et de la Tunisie
1952-1962
y leer un rato
los nombres
de los caídos que ascienden
por las columnas
azul blanca y roja
mientras me pregunto
cómo fueron sus vidas
quién se acordará de ellos,
y no puedo dejar de decirme
que es curioso que precisamente esté
en la
Esplanade Ben Gurion
al girar para cruzar del nuevo el
Sena
por la
Passarelle Debilly.
Mas no son
sólo ni principalmente
sus orillas
lo que del
Sena
atrae mi atención,
sino
sus aguas
y lo que pasa
por ellas
lo que pasa
en ellas:
los bateaux-mouche
iluminados por la noche
por mil teléfonos móviles
que fotografían la
Tour Effiel
mientras en mil idiomas
les habla el megáfono,
los barcos-crucero
a su paso por
París
en la ruta del
Sena,
los bateaux-réstaurant
con sus parejas
que al brindar se dicen
palabras de amor
sobre las aguas del
Sena,
los barcos-carguero
que descargan las mercancías
con las que se aprovisiona
París
y los que lo atraviesan
hasta la desembocadura
del
Sena
los pequeños barcos
de recreo alquilados
para ver
París
desde el
Sena
los patitos recién nacidos
que entre el muelle
y los barcos amarrados
siguen a su madre
en primavera…
Extraordinarios
son los seres
extraordinaria
la vida
que por el
Sena
navega
por el
Sena
pasa
cuando por
París
pasa.
Extraordinarios, sí,
cada día,
y extraordinariamente
extraordinarios
los días previos
a la inauguración olímpica
cuando por seguridad
sólo se podía acceder
a las orillas del
Sena
con un pase especial
de residente
y desde el silencio
de las multitudes ausentes
escuchábamos el susurro
de las aguas
del
Sena
hasta que de repente
como en un sueño
o una película
de Fellini
comienzan a desfilar
por el
Sena
vacío
los barcos
vacíos
de las delegaciones olímpicas
lideradas por quienes
tras el letrero agitando la bandera
por haber estado
allí destinado
las de Guatemala
o Andorra –
encabezan a atletas
ausentes
ante el público
ausente
mientras allá
al llegar al
Pont d’Iéna
marca el reloj
la cuenta atrás
del tiempo
que queda
para el desfile inaugural
que ahora ensayan
sin saber
que será
pasado por agua
mientras agitamos la mano
para que vean
que al menos alguien
les corresponde el saludo.
Y en fin a veces,
cuando volvemos
por la explanada
del
Palais de Tokio,
al pararme a contemplar
los bajorrelieves
de Alfred Janniot
modernidad de lo clásico
de mitos antiguos
me pregunto por los afanes
de Eros, Thalia, Melpomene,
Clio, Calliope y otras figuras
nombradas entre caballos,
centauros y toros;
y al subir
sobre la inscripción
“Aux volontaires
des Forces Françaises Libres
morts
pour l’honneur
et la liberté
de la France
18 Juin 1940
8 Mai 1945 »
lanza en una mano
sobre la frente la otra
sobre la mirada
en el horizonte
al leer la inscripción
de la estatua
La France
de Antoine Bourdelle
“Mère
voici vos fils
qui se sont
tant battus»,
me pregunto
cuántas vidas
han engendrado
a esta madre
qué sangre
corre por las venas
de este bronce.
Empiezan verdaderamente
los días
cuando damos la vuelta
al
Sena;
mas no acaban,
sino siguen:
en reuniones
en la
OCDE
o redactando informes
asistiendo a recepciones
y otros gajes
del oficio,
los ratos en casa compartidos
o escribiendo o leyendo,
saliendo al teatro o a la ópera
o a cenar
y tantos otros momentos
en que se nos pasan
los días
en la cotidianidad
de
París
en la extraordinariedad
de
París.
Pues extraordinario
ha sido
lo que en los fines de semana
o en el tiempo
que mi personaje
ha dejado
a mi persona
hemos podido
visitar
conocer
ver
vivir
en
París,
al que de alguna manera también
hemos dado la vuelta.
Y así, si uniéramos
en un solo paseo
los momentos y lugares
visitados y vividos
este tiempo en
París,
saliendo de casa y continuando
por la
rive droite
podríamos subir hasta el
Arc de Triomf
y subir el
Arc de Triomf
entre batallas y héroes
y desde lo alto contemplar
al Norte y al Sur
al Este y al Oeste
en el horizonte
París
ciudad de avenidas y perspectivas
de vistas
desde las que se ven
otras vistas
y más allá
visitar en el
Bois de Boulogne
la exposición de Mark Rothko
en la
Fondation Louis Vuitton
tras dar la vuelta
a su lago
o ir más allá
hasta
Saint-Cloud
para asistir en Navidad
al spectacle de son et lumiére
o de vuelta
saliendo del
Château de la Muette
parar a ver los nenúfares
en el Musée
Marmotin-Monet
antes de visitar Asia
en el
Guimet,
o en sentido contrario
bajar los
Champs Elysées
y parar en
La Concorde
a visitar el
Hôtel de la Marine
antes que los nenúfares de
Monet
en el
Jeu de Paume
y perdernos o ganarnos
la eternidad y la vida
en el
Louvre
y llegar bajo los pórticos
de la
Rue Rivoli
hasta la
Mairie de Paris
o desviarnos más arriba
por el
Cernuschi
o la exposición de la Galleria Borghese
en el
Jaquemart-André
y en
La Bastille
ver al ángel exterminador
de Buñuel
hecho ópera
o subir hasta
Montmartre
y perderse
por sus calles
o sus viñas
entrar en el
Sacre-Coeur
y contemplar
París
desde él
cenar en el
Moulin de la Galette
y terminar la noche
de cabaret coreando
la chanson
y la nostalgia
en
Le lapin agile.
Si en cambio
cruzáramos el
Sena
y continuáramos por la
rive gauche,
bien podríamos
comenzar parando
a disfrutar de los jardines del
Musée du Quai Branly
o entrar a pasearnos
por las artes y las culturas
del mundo
o ver la exposición
Au fil de l’or
o la del vudú en
Haití
o la de los dioses
del Templo Mayor en
México
o la del
kimono
o la de
Taro Okamoto
mientras nos decimos
que verdaderamente nunca
acaba la diversidad
y la curiosidad
humana,
y de ahí seguir
por la orilla del
Sena
hacia la
Tour Effiel
y el
Campo de Marte,
o al contrario hacia
Les Invalides
le Quai d’Orsay
visitar en el
Musée d’Orsay
la exposición
Paris 1874
Inventer l’mpressionisme,
cuando todo empezó,
o perdernos
en las colecciones permanentes
que dejó tras de sí,
y seguir en el
Institut de France
y el
Quartier Latin,
o coger el sesenta y tres
o simplemente caminando
dirigirnos hacia
Montparnasse
ver una obra de bolsillo
en el
Théatre de Poche
parar a tomar
un café en
Les Deux Magots
entrar a ver libros en
L’écume des pages
o acercarnos a la galería de
Dina Vierny
a la inauguración de la exposición de
Maillol
que comisarió
Àlex Susanna
antes de dejarnos,
la última vez
que os visteis –
que se te hace presente
o ir en Junio al
Marché de la Poésie
en la
Place de Saint-Sulpice
este año
como autor con mis
Stylites d’Andorre
y más allá en el
Quartier Latin
visitar
La Sorbonne
o el
Collège de France
o a Voltaire y a Rousseau
y los demás inmortales de
Francia
en el
Panthéon
y terminar el día
sintiendo cómo se apaga
el Sol
y oscurecen los colores
de las vidrieras
de la
Sainte-Chapelle
mientras con instrumentos antiguos
interpretan los músicos
a Marin Marais
y congelar el tiempo
en la eternidad
del instante.
Islas del
Sena,
corazón de
de París
por el que circula toda
su sangre.
Tiempo distinto
de
París
en
París
el que recorremos la
Île Saint-Louis
y nos fijamos
en los escaparates
en las ventanas
en el
Sena
al fondo de la calle
mientras sentimos
la nostalgia
de cuando éramos jóvenes
y al llegar de nuevo a
París
nos escapábamos
a pasear a la
île Saint-Louis
y sonaba en nosotros
la canción de
Moustaki,
la nostalgia
que sentiremos
un día
de este paseo
por la
Île Saint-Louis.
Y siguiendo el curso del
Sena
cruzamos el puente
y pasamos a la
Île de la Cité,
y por fuera
y por dentro
admiramos
una vez más
Nôtre Dame de Paris
y en
La Conciergerie
con María Antonieta esperamos
a que vengan a llevarla
a la guillotina
en la
Place la Révolution
antes
Place Louis XV
y hoy
Place de La Concorde,
esa concordia
que tanto necesitamos.
Y siguiendo el curso del
Sena
llegamos a la
Île des Cygnes,
de cisnes
ausente.
Nos saluda en su extremo
la réplica de la
estatua de La Libertad
de Bartholdy
y se nos eterniza
su imagen
con la
Tour Effiel
al fondo.
Accedemos a ella por el
Pont de Grenelle
y avanzamos por la
Allée des Cygnes
hasta el otro extremo
que atraviesa el
Pont de Bir-Hakeim.
En su punta
hacemos una foto
a la estatua del caballero
que con su espada señala la
Tour Effiel
y cruzamos el
Sena
para volver a casa.
Tiempo de
París
teatros de
París
museos de
París
cafés de
París
vida en
París.
III.- AGUAS DEL SENA
Tiempo de
París,
aguas del
Sena,
que respiran
nuestros pulmones,
que recorren
nuestras venas.
Aguas del
Sena,
lágrimas de los
ángeles
lluvia de los
sueños,
aguas por las que fluyen
las almas
en las que habita
París.
Aguas de las casas de
París
aguas del
Sena,
sangre de
París
que late
nuestro
corazón.
Nutre
el agua
de
París
los cuerpos
de sus habitantes.
Nutre
su sangre
el alma
de
París.
Laten
sus corazones
al unísono.
Resuena
en el alma
de
París
el alma
de
sus habitantes.
Resuena
en el alma
de
sus habitantes
el alma
de
París.
Se extiende
su eco
en
el infinito.
La vida
engrendra
la vida:
nunca
habrá
fin
nunca
morirá
París.
Se hace
agua
la sangre.
Se hace
sangre
el agua.
Fluye
el Sena.
Fluye
la vida.
Laten
amor
sus corazones.
Corre
por nuestras venas
el agua
de
París.
Corre
por las venas
de
París
nuestra sangre.
Cuando bebemos el
agua
del
Sena
la transformamos en
sangre.
No está
el Sena
en el Sena:
está
en
París.
No está
París
en París:
está en
el Sena.
Está
el Sena
en el agua
en su cauce.
Está
el Sena
en el vapor
en el aire.
Es el
cielo
de
París
el
Sena
evaporado.
Se respira
en
París
el
vapor
de
las almas
de quienes
no están
en
París,
pero están
en
París,
en quienes
París
está.
Todos están
nosotros estamos
en
París.
París
está en
nosotros.
París
está fuera de
nosotros.
París
está dentro de
nosotros.
Venimos a
París
para que se nos meta
dentro
y alma adentro
viva en el
siempre.
IV.- UBICACIÓN DE PARÍS
No está
París
sólo
en sus calles
sus bulevares
sus avenidas
sus museos
sus puentes
sobre el
Sena.
No está
París
sólo
en la superficie,
sino también en el subsuelo
también en el cielo.
Pues recorren y habitan
bajo el suelo de
París
los égouts de
París
por los que
desde cada casa
a cada casa
fluye el agua
del Sena
hasta el mar
fluye la sangre
hasta el corazón de
París.
el metro de
París
y el RER de
París
por el que viajan
somnolientos soñantes
sus habitantes,
las catacumbas de
París
y la tierra
que seremos,
los corredores subterráneos
de la Resistencia,
cinco millones
de ratas
e infinitos seres,
como recorren el Sena
por dentro
los peces
las algas
las almas.
Y se evaporan
en las nubes de
París
los sueños
de sus habitantes
cuando están
en las nubes
cuando viven
los sueños
y
París
es el cielo.
Está
París
en
el mundo.
Está
el mundo
en
París.
Es
París
un
imán
que
todo
lo atrae,
que a
todos
atrae,
nos atrae
y nos transforma
en seres
que recorremos
el mundo
con
París
adentro.
Ni es ahora
en
París
ahora,
como no somos
hoy
sólo el que somos
hoy,
sino también y al tiempo
todos los yo
que hemos sido
en el caminar
de la vida.
Habitan en él
los ciudadanos
de la Lutecia romana,
los constructores
de Nôtre Dame,
los cortesanos
del Louvre,
las guillotinas
en la Place de la Révolution,
los que desfilan
bajo el Arc de Triomf,
la Libertad
guiando al pueblo
y las barricadas
de la Comuna,
los sueños
de Hausmann
y los visitantes
de las exposiciones universales,
la torre
de Eiffel
y la fiesta
de Hemingway,
el tiempo perdido
de Proust
y la náusea
de Sartre,
los inmortales
del Panteón
y los de la Académie Française,
los que inauguraron
el Centre Pompidou
y los que inauguraron
el Musée du Quai Branly,
los atletas de las Olimpiadas
de mil novecientos veinticuatro
y los atletas de las Olimpiadas
de dos mil veinticuatro,
y el
París
que será
y los
París
que serán.
¿Qué
París
queremos que en
nosotros
crezca?.
¿Cómo queremos
que madure
el alma?.
¿De qué seremos
vestigio o
semilla?.
¿Qué dirán de
nosotros
en el cuarto milenio
de nuestra era,
en otra era tal vez,
en el Museo del
Louvre,
en la sala
que nos dediquen en el
Carnavalet?.
No hay pasado,
ni hay futuro;
sino el presente
del pasado,
o la memoria,
y el presente
del futuro,
o la esperanza,
y entre ellos transcurre
se hace presente
la vida.
¿Dónde está
el tiempo
del siempre?.
¿Dónde está
el tiempo
del alma?.
¿Qué relojes lo miden?.
No habita
París
en el
tiempo;
sino en la
eternidad.
V.- ALMA DE PARÍS
Sueños de
París
que alimentan
el alma de
París.
Sueños de
París
que en
París
respiramos
que engendran el
París
que nos habita en el
alma,
y lo iluminan.
Sueños de
París
que sueñan
La Gioconda
la Victoria de Samotracia
el escriba sentado
los esclavos de Miguel Ángel
el Napoleón que se corona
en el cuadro de David
y Josefina arrodillada
el hermafrodito durmiente
la Venus de Milo
las cariátides
los navegantes de la balsa
de Medusa
Psique reanimada por el beso
del Amor
y los demás seres
que habitan de día
el Museo del Louvre
y salen de noche
de sus estatuas
de sus cuadros
para vivir
la vida en la noche de
París
para vivir para siempre
en los sueños
que en
París
se sueñan
o para encontrarse
con sus amigos impresionistas
del
Musée d’Orsay
seguir conversando
sobre el
por qué
de los
por qué
y sobre todo sobre los
para qué
con el pensador
de Rodin
o acercarse al
Bois de Boulogne
a conocer
a las criaturas de Tom Wesselman
y sus amigos
que están de visita
en la
Fondation Louis Vuitton,
y al final
todos juntos
terminar su periplo
escalando
la Tour Effiel
y ascender
por los
cielos de París
hasta transformarse en
estrellas
de su
firmamento
iluminar el
el alma
del
Universo.
Alimenta el alma
universal
el alma de
París.
Alimenta el alma de
París
el alma
universal.
Alimenta el alma de
Francia
el alma de
París.
Alimenta el alma de
París
el alma de
Francia.
Se disfraza el alma de
París
de alma
universal.
Se disfraza el alma
universal
de alma de
París.
Alimenta el anhelo de
París
nuestra alma.
Alimenta nuestra alma
el alma de
París.
Alimenta nuestra alma
el alma
universal.
Alimenta el alma de
París
nuestra alma.
Alimenta el alma
universal
nuestra alma.
De una en otra
se contemplan en el
espejo
resuenan
reverberan
se besan
se unen
SON
se enraízan
unas en otras.
Está
París
enraizado en
mi alma.
Está
mi alma
enraizada en
París.
Está
París
enraízado en
el mundo.
Está
París
enraízado en
mi mundo.
Está
mi mundo
enraízado en
París.
Es la nuestra
un alma
enraizada.
Se hunden
sus raíces
en las ciudades
que amamos
en las ciudades
en que amamos.
Se hunden
sus raíces
en el mundo
que nos habita
por dentro
y alumbra nuestra
geografía poética.
Se hunden
sus ramas
en el cielo
y con las ramas
de otras almas
en el cielo
se encuentran
en el cielo
se enlazan
en el cielo
se funden
en el alma
que somos
en el alma
en que somos,
y la iluminamos,
y le damos
VIDA,
y nos da
VIDA.
La vida
engendra
la vida.
Nunca
habrá
fin.
Habitan el subsuelo de
París
millones de
ratas.
Habitan la superficie de
París
millones de
personas.
Habitan el cielo de
París
infinitas almas.
Habitan el cielo de
París
las almas
de los romanos
que fundaron Lutecia
de los galos
que en Lutecia habitaron
de Carlomagno
y de los reyes de Francia
de Voltaire y de Madame de Stael
de Víctor Hugo y de Balzac
de Proust y del Barón de Charlus
de Coco Channel y de Joséphine Baker
de Tolouse-Lautrec
y de las bailarinas
del Moulin Rouge
y los cantantes
du Lapin agile
de Suzanne Valadon
y de Tarsila do Amaral
de Joyce y de Hemingway
de aquellos cuyos cráneos
pueblan las catacumbas
de los revolucionarios
de 1789
de los de 1830
y los de 1848
y los de 1870
y los de Mayo del sesenta y ocho
y las de todos aquellos
cuyos nombres podríamos
seguir escribiendo
o hacer presentes
hasta el fin
de los tiempos.
Habita el cielo de
París
nuestra alma.
Habita
París
nuestra alma.
No está
París
en
París:
está en
nosotros.
No somos ya los mismos
cuando
París
nos habita por dentro
y a veces nos clava
la Tour Effiel
en el corazón
la aguja de la nostalgia.
No somos ya los mismos
cuando el agua del
Sena
fluye por
nuestras venas
cuando
nuestra sangre
fluye por el cauce del
Sena.
No nos vamos de
París
cuando fluye por nuestras venas
el agua del
Sena;
pues habita
sus cielos
el vapor de
nuestra alma,
y en su nube viaja
por
París
para siempre
siempre
nuestra alma.
No nos vamos de
París:
se nos mete
dentro,
con nosotros
va
doquiera que vamos.
VI.- LLAVE DE PARÍS
Este
poema
no es un
poema:
es una
LLAVE
que abre la compuerta
por la que en nuestras
venas
entra el agua del
Sena.
Late nuestro corazón
París
late el corazón de
París
nuestro corazón
el fluir de la
vida
y del tiempo.
La vida
engendra
la vida.
Nunca
habrá
fin
nunca
nos
vamos
siempre
estamos en
París
cuando
París
está en
nosotros.
París
está en
París
París
es
París
cuando es
cuando está en
nosotros.
Lee este
poema
mira bien esta
LLAVE
y métela en la cerradura:
al leerlo
al girarla
se transforma el
ahora
en el
siempre
se abre
la puerta
tras la que están
las escaleras
que
alma adentro
bajan a donde
vive
París
bajan a donde
vives siempre en
París.
Este poema
no es un
poema:
es una
LLAVE.
Llévala
siempre
contigo.
Con ella estás
siempre
en París.
Con ella
París
está
siempre
en ti.
Tiempo de
París,
siempre de
París.
Aguas del
Sena,
sangre de
nuestras venas.
Tiempo de
París,
aguas del
Sena,
que respiran
nuestros pulmones,
que recorren
nuestras venas.
Manuel Montobbio
París,
lunas
de París
en el tiempo
tiempo
de París
en las lunas
del verano y el otoño
de dos mil veinticinco
y de siempre.